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Zuleyma Muñoz Díaz, de Mon-tería a Mon-treal

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1 de may. de 2023

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Zuleyma Rosa Muñoz Díaz es una monteriana con raíces tierraltenses, comunicadora social periodista, egresada de la Universidad Pontificia Bolivariana, donde estudió en las sedes de Montería y Medellín, con una especialización.

Vivió muchos años en Medellín, donde laboró para importantes empresas de telecomunicaciones y decidió aprender a hablar francés, porque de una u otra manera en su ideario estaba irse a vivir al exterior, pese a que tiene la amenaza de uno de sus amigos más preciados de volver y hacer parte de la nómina del 'ancianato de viejos chéveres'.

Zuleyma es de esas mujeres que suelta una sonrisa a carcajadas en cualquier lugar, no importando el momento en que lo haga, eso la hace más monteriana que todas, porque su desparpajo la lleva a destacarse siempre cuando está en algún lugar.


Es tal su conexión con lo nuestro, que cuando era niña su padre Arcelio Muñoz logró que Leobardo Naranjo la nombrara en un saludo en uno de los porros grabados por la Banda 19 de Marzo de Laguneta, algo que a ella la emociona, aunque no lo reconozca y 'muera' de la pena cuando lo escucha delante de sus amigos.

Al momento en que la contactamos para que escribiera una crónica de lo que recuerda de Montería su respuesta fue positiva, porque es una forma de mostrar que la vida cotidiana en Canadá puede ser parecida a la de su tierra. "Gracias por acordarse de mi y querer inmortalizar mi vida en sus publicaciones. ¡No merezco tanto amor! Qué honor me hace El Meridiano al tenerme en cuenta. Mil gracias y que Dios los bendiga", fueron sus emotivas palabras.

Este es su relato
Soy sabanera, un porro me para de cualquier silla a bailar, me gusta el suero, la yuca, una buena carne asada, el jugo corozo y el boli de cola con leche.
Mi hija Anastasia y yo tenemos una relación firme y estable con el plátano en todas sus presentaciones (taja’, patacón, cabeza e’ gato, amarillo asao’, pónganoslo como quieran).
Vivo muy orgullosa de mi Mon - tería tierra de ensueño, no escribí mal el nombre, echen pa’lante con la lectura y luego les hará sentido como a mí. Por vainas del destino decidí mudarme al exterior. Explorando opciones, el universo me trajo hace 5 años a la ciudad de Montreal, Canadá.

Empiezo por contarles que su nombre viene de la apelación primitiva dada a la colina donde emergió de la ciudad: Mont-Royal (Monte Real).

Esta fue de las primeras similitudes bonitas que encontré con mis orígenes, mi búsqueda me trajo de nuevo a un “monte” (en Francés: Mont), porque Montería (ahora si se los escribo como es) y Montreal son ciudades de tierras planas, verdes, adornadas con el recorrido de las aguas de un río.
En verano a 40°C grados a la sombra, es cuando a veces dudo si en verdad estoy en otro país o en la terraza de mi casa “tirando lengua” con Don Arce (mi papá).

Gracias a la multiculturalidad de Montreal, en cuanto a la comida encuentro casi “todo” lo que me sabe a casa: una crema mexicana de suero de leche que es puro suero crema; un queso halloumi de los libaneses, que frito sabe a gloria; la colonia haitiana y latina como fieles consumidores de plátano y yuca hemos consolidado el mercado.

De la yuca doy fe ¡es harinosa!, hasta la Niña Rosi (mi mamá) cuando vino de visita y la probó, me dijo que igual a la del señor Romero su amigo y distribuidor, que a diario pasa por la cuadra con su carretilla llena de sabor.

Los que vivimos lejos de casa, siempre buscamos un poquito de aquello que nos sabe bonito, que nos recuerda de dónde venimos, gracias a Dios vivo en una ciudad que me recuerda a mi tierra de ensueño por su sencillez, calidez, alegría y simplicidad.