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Una monstruosidad

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25 de may. de 2023

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Por José Armando Benítez Tuirán

Definitivamente hay noticias que tocan el alma a toda una comunidad, que mueven esa fibra sensible que tenemos como personas, pero que parece estar conectada con el resto de la sociedad. Desafortunadamente, muchas veces esta sensación personal, que se vuelve colectiva, es causada por un mal, por un hecho que hace daño, que nos indigna, que nos llena de impotencia y de rabia.

En estos días Córdoba sufrió un episodio macabro, que no tiene ningún precedente para nosotros, al menos en nuestra historia reciente. Y que duele porque además de ser sufrido por una coterránea, en él se imprimió una violencia desgarradora, maligna, enfermiza, que cobró la vida a una joven de manera tan inmerecida como cruel. Y que atentó contra la vida de un ser que ni siquiera había llegado al mundo.
A Luz Neida Betín Baldovino, el miércoles pasado la mataron. La mataron de una manera monstruosa, infame, atroz… Con el miserable y ruin propósito de sacarle a la criatura de 32 semanas que llevaba en su vientre ¡Por Dios! No se puede ser más infeliz, no se puede ser más inhumano.

Planear un ataque de este tipo, practicar una cesárea criminal como esta, debe ser castigado con todo el rigor de la ley. Aquí debe llevarse a cabo una investigación exhaustiva que permita identificar de manera inequívoca a todos los que participaron en esta monstruosidad. Y me refiero no solo a los que la planearon y la ejecutaron, sino también a todos los que de alguna manera ayudaron, por muy pequeña que haya sido esa colaboración, para que se efectuara esa barbarie. Incluso, a quienes tuvieron conocimiento y no lo denunciaron.

Debería haber, además de capturas y judicializaciones, penas ejemplarizantes. Para que nadie, nunca más, piense siquiera en repetir una bestialidad de este tipo. ¿Tan mal estamos? No lo creo. Quiero pensar que es un hecho aislado y fuera de todo contexto.
No podemos ser conocidos en el mundo por animaladas como esta, la que lamentablemente ocurrió en Sahagún y que nos ha golpeado a todos. Que nos ha puesto a reflexionar sobre el tipo de sociedad, en la que jamás debemos convertirnos.

La esencia de los pueblos de Córdoba y de la sabana, es totalmente opuesta a este tipo de comportamientos. Somos gente que nos queremos y nos apreciamos como coterráneos, y que eso nunca cambie, depende de nosotros, de cuidarnos los unos a los otros.