Tragedia en Chochó: entre la rabia, el perdón y la esperanza de justicia

Tragedia en Chochó: entre la rabia, el perdón y la esperanza de justicia

Sincelejo. “Es un dolor que con el paso de los días lo siento más, cierro los ojos y veo a mi hijo, siento un dolor aquí en el pecho, en el corazón, un dolor que no me deja dormir. Tengo tanta rabia, que quisiera coger a esa gente y hacerles lo mismo que les hicieron a nuestros hijos. Mi hijo no se merecía eso, era inocente”, son las palabras que acompañan las lágrimas que se deslizan por las mejillas de Carmenza Monterroza Paternina, que embriagada en llanto, se refiere el vacío que dejó en su vida la violenta partida de su hijo Jesús David Díaz, el joven de 18 años, que al igual que José Carlos Arévalo y Carlos Alberto Ibáñez Mercado, el pasado lunes 25 de julio, la Policía de Sucre convirtió en falsos positivos.
Ese sufrimiento provocado por el arrebatamiento del ser querido, también lo vive el albañil Carlos Arévalo Contreras, padre de José Carlos, dolor que también abraza a Luz María Mercado, madre de Carlos Alberto, de 26 años, joven que anhelaba la pronta llegada de diciembre para por fin abrir la alcancía, a la que juiciosamente, cada día, le depositaba dinero del que ganaba como mototaxista, con el que compraría la cama y el televisor a Danelis Cárdenas Quintero, de 19 años, su pareja, con quien convivía hace año y medio en la casa de su madre, en la urbanización Villa Karen, en el corregimiento Chochó, poblado de unos 7 mil habitantes, en el que también residían José Carlos y Jesús David.

Carmenza Monterroza se estremece de dolor al recordar a su hijo Jesús David Díaz


“Recuerdo que esa tarde cuando salí del trabajo lo encontré en la esquina, aquí, cerca de la casa, le di una tocineta que le traje. Como a los 5 minutos se fue para allá arriba, para el parque, y yo me quedé haciendo la cena”, recordó Carmenza.
Mientras en la cocina Carmenza estrellaba un mortero sobre un diente de ajo, Jesús Daniel y José Carlos, al lado de otros amigos estaban disfrutando de la adrenalina en la vía Las Palmas – Sincelejo, a escasos 9 kilómetros de Chochó, sitio al que fueron a hacer piruetas en moto.
Cuando esto sucedía, en Sampués, municipio vecino, los sueños y expectativas de un muchacho de 25 años, con 45 días en la Policía, fueron arrancados por un sicario que lo mató al interior de una panadería. La reacción policial desplegó un plan candado para hallar al homicida. En todas las entradas y salidas del perímetro, activaron la cacería.

Diego Felipe Ruiz Rincón, patrullero asesinado.

“Unos 15 minutos habían pasado desde que Jesús David había salido, cuando regresó llorando en una moto con José Carlos, Jesús David tenía una herida en la pierna derecha. Mi mamá y yo nos asustamos, en los ojos de mi hermano se veía el miedo. Mientras buscaba sus documentos para llevarlo al hospital, me dijo que varios policías habían pasado disparando por el lugar donde él y sus amigos hacían Stunt.
Me subí a la moto con ellos con el afán de llegar rápido al hospital, José manejando, mi hermano en el medio y yo con una mano sosteniendo su pierna y mi cabeza recostada en su espalda, ninguno de los 3 hablaba, solo queríamos llegar al hospital, pero al pasar al sector La Garita, a 4 kilómetros de aquí de Chochó, nos encontramos el retén de la Policía que nos cambió la vida para siempre” expresó Cindy, hermana de Jesús David.

Los tres jóvenes fueron interceptados por una patrulla de la Policía en el sector La Garita

Carmenza y su esposo salieron para La Garita, pues, recibieron la llamada de que a su hijo la Policía lo tenía retenido y lo estaban golpeando, pero cuando llegaron ya no estaba, a él y a sus dos amigos, los policías los subieron a una camioneta y se los llevaron, sus familiares suponían que para un CAI o para la URI, pero a las 8:00 de la noche eran reportados por el excoronel Carlos Correa Rodríguez como bajas en un intercambio de disparos con la policía.
Por las redes sociales Cindy se enteró que su hermano estaba muerto en la clínica María Reina, que queda al frente del comando de la Policía de Sucre. Hasta ese centro asistencial se trasladó su madre y una hermana, que no tenían sino fuerzas para apoyar sus cabezas en los muros de la clínica y llorar desconsoladamente.
“Me duele mucho, porque ese día no compartimos, cuando salí a trabajar, ya él se había ido para el colegio y en la tarde solo lo vi por un momento. Me duele, saber que fue su último día a nuestro lado y fue el que menos hablamos. Él era un niño maravilloso”, reconoce Carmenza.
A Cindy, en su mente, los hábitos de su hermano no se le borran, “yo sabía cuando él llegaba, porque se sacudía las chancletas antes de entrar, no le gustaba sentir tierra en la sala, le fastidiaba la sala sucia. Su recuerdo vive en cada rincón de esta casa, desde esa noche, mi hermanito menor, mi mamá y yo, dormimos en el mismo cuarto, esto me duele mucho, pero tengo que mostrarme fuerte para que mi mamá no decaiga, porque estamos destrozadas”, relató Cindy.

Acabaron con sus sueños bonitos: Carmenza Monterroza


Dice la joven, que su hermano era más amante de la danza, el baile y el fútbol, que de las motos, muy pocas veces iba a ver a los muchachos a hacer Stunt, como lo hizo esa tarde. “Con la comparsa Ampali, de aquí de Chochó, recorrió varios pueblos bailando. Me decía que cuando se graduara iba a estudiar mecánica en el Sena para trabajar y ayudar en la casa, pero acabaron con sus sueños, con sus
pensamientos bonitos.
Como quisiera tener a mi pelaito aquí al lado, me hicieron un daño muy grande, ya yo no tengo vida sin mi hijo”, dice Carmenza, mientras su dolor se enjuga con lágrimas y llanto.
Con voz entrecortada agrega, “el día en que yo esté tranquila es cuando vea tras las rejas a los que mataron a nuestros hijos, que todo el peso de la ley caiga sobre ellos. Que limpien sus nombres, porque eran unos niños con sueños”.

Estoy dispuesto a perdonarlos: Carlos Arévalo

Por otro lado, el padre de José Carlos, propone, verdad a cambio de perdón, “En mi corazón, ciento por ciento no hay odio hacía ellos, si estoy dispuesto a perdonarlos, pero quiero escuchar que ellos digan ¿por qué lo hicieron?, Que tengan pantalones y digan que pasó, que públicamente acepten el error”, pidió Carlos, que recordó cómo fue ese último día al lado de su hijo.

“Yo me levanté a las 6:30 de la mañana y le dije a mi otro hijo (Carlos Mario), que se parara para irnos a trabajar en albañilería, a los pocos minutos se levantó José Carlos y salió a trabajar, en su moto de mototaxista. No le dije que se fuera conmigo a trabajar, porque él se rebuscaba en la moto. En horas de la tarde yo estaba con afán, porque ese día tenía que entregar el trabajo que estaba haciendo, cuando de repente me entró una llamada y me dicen: Carlos, ¿dónde estás?, a tu hijo lo tienen detenido en La Garita, pero confiando en la Policía, le dije al que me llamó, sí, fue que mataron hace poco a un patrullero en Sampués y la Policía hace retenes por todos lados y a todo el que pasa lo requisan. No le di relevancia a que lo tuvieran detenido, porque en esos casos, cuando mucho, los llevan a un CAI, verifican sus datos y al no hallarles nada los dejan ir.

Me dijo, mataron a José. Yo no le creí: Carlos Arévalo


Yo seguí trabajando, pero cada vez eran más en las personas que me llamaban diciéndome lo mismo, yo decía que cuando terminara iba por allá. Al rato, como a las 7:00 de la noche, me llamó Carlos Mario y llorando me dijo, mataron a José, yo no le creí, total que dejé lo que estaba haciendo y me fui para la casa, allá encontré a muchas personas, como cuando se muere alguien, mi esposa lloraba. Me cambié y salí para la clínica donde estaban los muchachos. El vigilante me preguntó, qué si yo era el papá de alguno de los muertos, le dije que sí, entré y vi a mi hijo, estaba boca arriba, muerto, lleno de sangre. Tenía un tiro en la frente, dos en el pecho y golpes. Me puse a llorar, mientras imaginaba lo que esos pelaos tuvieron que sufrir”, recordó Carlos Arévalo, quien lleva la tristeza en sus ojos.

Carlos Arévalo Contreras y su hijo José Carlos


José Carlos, de 20 años, adelantaba un curso de mecánica en el Sena, era apasionado por el Stunt. “Cuando la situación económica en la casa no estaba muy buena, él me decía, papi yo voy a estudiar, voy a trabajar, voy a echar para adelante, porque las cosas en la casa van a cambiar, pero desgraciadamente le arrebataron sus sueños de superación y de paso a nosotros nos mataron en vida. Él era el mayor de mis dos hijos. Cuando llega la hora de la comida, lo extrañamos, esperando que entre por la puerta y se siente con nosotros. Qué dolor nos quedó”, puntualizó Carlos. Por otro lado, Danelis, recordó que el sábado anterior a los hechos, Carlos Alberto llegó de trabajar, la cargó y la abrazó, “era como si se estuviera despidiendo, me dijo que cuando yo terminara el técnico que estoy haciendo en el Sena, tendríamos nuestro primer hijo.

“Qué duro es esto, en las noches lloro, recuerdo nuestros planes de seguir ahorrando para poco a poco comprar nuestras cosas. Carlos anhelaba que llegara diciembre, porque en ese mes abriríamos la alcancía en la que estábamos ahorrando, ahí estaban representados nuestros inicios como pareja, pero todo cambió”, recordó con nostalgia Danelis.
Aquel lunes que se convirtió en tragedia, poco hablaron. “Ese día no hablamos mucho, porque andábamos discutiendo, él me fue a llevar en la mañana al Sena, en Sincelejo, y a las 12:00 del mediodía me fue a buscar, llegamos a la casa, hice el almuerzo, él comió y se quedó reposando hasta las 2:00 de la tarde, salió y regresó dos horas más tarde, le dije que un amigo lo estaba llamando para que lo fuera a llevar a Corozal, él llamó al muchacho, pero no contestó, fue a su casa y estaba dormido, entonces se regresó nuevamente a la casa, pero en el camino encontró a una muchacha de aquí del barrio, que le dijo que le hiciera una carrera a Sincelejo, ahí fue cuando se encontró en La Garita, a José Carlos y a Jesús David, siendo violentados por la Policía” contó Danelis.

Esta fue una de las últimas fotos que Danelis Cárdenas y Carlos Alberto se tomaron

Carlos Alberto tenía menos de dos años que había prestado el servicio militar como auxiliar de Policía, con el deseo de hacer parte de la institución, pero no encontró los recursos para hacer el curso de patrullero. Al ver cómo sometían a sus vecinos, detuvo la moto en la que iba, se acercó a los uniformados y pidió que no siguieran maltratando a los muchachos, que él los conocía. “Le dijeron, ya que usted los conoce, venga para acá, lo tiraron al suelo boca abajo y lo empezaron a golpear, yo gritaba para que no siguieran, pero me cogieron por los brazos y me retiraron. Luego llegaron muchos más policías en carros y motos, hicieron tiros y se los llevaron”, rememoró Cindy, que añadió, “le mando un abrazo a todas aquellas familias a las que la Policía injustamente les ha arrebatado un ser querido y han tenido que soportar este dolor”.
Por su parte Luz María dijo, “no hay un momento en el que no me acuerde de mi hijo. Me siento triste, deprimida, solo me queda llorar para desahogarme. ¿Quién recupera la vida de mi hijo?, nadie”, confesó Luz María.

Luz María, Danelis, Juan Camilo (hermano de Carlos) y se esposa Yamile, lloran el triste final de su ser querido

Justicia
Estas tres familias, unidas por una misma tragedia, aseguran que han contado con el apoyo de sus vecinos y de todo Chochó, que en este duro momento de sus vidas, agradecen.
Hoy, a 9 días de que se cumpla el primer mes del triple homicidio, las informaciones conocidas extrajudicialmente apuntan a que el presunto asesino sería el exteniente coronel Benjamín Núñez, que para ese entonces era comandante operativo de la Policía en Sucre. En manos de Fiscalía se encuentran los expedientes donde los 6 patrulleros involucrados confesaron el falso positivo. Así las cosas, se espera que las capturas no pasen de este mes y así las familias puedan ver que las muertes de sus inocentes hijos no quedarán en la impunidad “Las investigaciones se ven que avanzan a buen ritmo, esperemos que los resultados lleguen pronto, las capturas no devolverán la vida de nuestros hijos, pero traerán tranquilidad”, aportó Carlos Arévalo.

Hasta este momento, en relación a los hechos y a limpiar el buen nombre de los tres jóvenes, la Policía, a través del saliente general Jorge Luis Vargas, lo único que ha dicho a las familias es, “saludo de condolencias a las familias”. Por ahora, a Luz Mary, Carmenza y a Carlos, no les queda de otra que esperar que la justicia llegue. La Fiscalía cuenta con un centenar de material probatorio, solamente a través de la Dirección de la Policía recibieron 42 pruebas, que muy seguramente fueron procesadas para expedir las órdenes de captura. De todo esto, Cindy resume que es momento que las autoridades militares y policiales aprendan a respetar la vida, a investigar antes de actuar y no cometer falsos positivos, porque el dolor que hoy la embarga, no quiere que nadie más en Colombia lo vuelva a sentir, país que históricamente ha tenido que sufrir este flagelo.

Autor: David Hernández Álvarez

1 Comments

  • No se por que aun no han intervenido esta institución, gracias a Dios llegó un presidente que va a colocar orden, en esa institución hay las mayores ratas del país, asesinos de sus propios compañeros con armas de la institución, extorsionistas, y demás, esa institución y ese uniforme da terror al ciudadano, a mi me realizaron también un falso positivo con mi moto, el policía me dice que la moto aparece robada y me llevan a CAI de San Carlos allí me hace entrar la moto, y es que realzan todo en coordinación de sus superiores, uno no tiene a quien apoyarse, gracias a Dios tenía todo en regla y al final me dejaron sano por que siempre estuve en llamada con un familiar que le pedí el favor que no colgara por que pense en lo peor, al punto que ya familiares venían a revisar el caso, pero como se dieron cuenta que siempre me mantuve con mi celular hablando me dejaron sano.

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