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Opinión

“Todos vuelven a la tierra en que nacieron”

Raymond Gomes-Cásseres
Raymond Gomes-Cásseres
Columnista
1 de septiembre de 2024

El autor cumplió un sueño: visitar Macaján, su tierra natal, tras años de conflicto. Emocionado, recorrió el pueblo y sintió la conexión con sus raíces, honrando su primer año de vida.

Por Raymond Gomes-Cásseres Sábado 31 de agosto de 2019. Amaneció más temprano para mí pues era el día desde hacía tiempo esperado. Apenas abrí los ojos  le di gracias a la vida porque me iba a permitir al fin conocer la tierra donde nací, donde viví mi primer año de vida. A pesar de estar cerca de Sincelejo, no me había arriesgado a conocerla por ser ella durante muchos años una zona en donde la violencia se hizo sentir con intensidad. Por su topografía de montañas, al igual que Colosó y Chalán, guerrilleros se asentaron en sus alrededores. Ya liberada del conflicto armado, solo esperaba el momento oportuno para cumplir con un anhelo desde hacía tiempo soñado. Y ese momento llegó con ocasión de sus fiestas patronales que ese año incluían corralejas. Me estaba bañando a las 6 a.m. cuando recordé la canción de Septimio Campanela, interpretada por Ignacio “Nacho” Paredes, intitulada “Macaján”. / Macaján… donde está el recuerdo de la india Marta, mi primer amor/ Macaján… desde tus montañas yo toqué con ella la luna y el sol/ Macaján… recuerdo su risa, sonido glorioso de mil cascabeles/ Macaján... recuerdo sus besos, para qué la gloria, para qué laureles/…. Macaján… hay que ver su ocaso y la pálida rosa de sus bellas auroras/… Con estos hermosos versos en mi mente, me embarqué junto a mi esposa a las 10 a.m. rumbo a Toluviejo, en donde nos tocaba un trasbordo para mi tierra natal, esa que solo conocía a través de esta linda canción de Septimio Campanela. Arroyos cantores, montañas, arizales, pájaros carpinteros, amapolas, caracolíes, Montes de María – las descripciones del entorno aumentaban mi interés por llegar. A las 11:15 llegamos a la Plaza principal de Macaján.¡Al bajarme del carro me invadió un sentimiento religioso y me arrodillé y besé la tierra frente a la Iglesia! ¡Qué emoción estar pisando después de cincuenta años la tierra donde vine al mundo! Me dirigí luego con mi señora a recorrer bajo un sol canicular las calles del pueblo. Era tanta la temperatura que el celular con el que tomábamos fotos indicó que se iba a apagar para evitar un daño. Pero yo ese calor no lo sentía. Intentaba grabar en mi memoria ante la falla del teléfono todos los detalles de una población que me vio nacer, pero de la cual me llevaron de un año de edad. A la 1 de la tarde nos acercamos a un  restaurante situado en la orilla de la carretera que de Macaján conduce a San Onofre. No sé si sería por la emoción que me  embargaba, pero el almuerzo me   supo a gloria. De allí nos dirigimos a una cantina-estadero situada cerca a la puerta de entrada de la corraleja. Desde donde estábamos libando se observaban los cerros donde pasé mi primer año de vida. Pienso que todos los seres humanos necesitamos conocer nuestras raíces, tanto paternas como maternas. Las paternas las tengo bien conocidas, pero me faltaba conocer  las maternas. Y a eso fui a Macaján pues en sus cerros  pasé mi primer año de vida- y según me cuentan- un tigre rondaba por las noches cerca de donde dormía. Afortunadamente no se metió conmigo ni con mi madre y puedo hoy estar echando el cuento.