
“Jorge Álvaro” y “Hay que cuidar los fantasmas”

Nuevos hallazgos revelan la profunda conexión de Gabriel García Márquez con Sincelejo y Sincé, Sucre. Textos inéditos muestran la influencia de la región en su obra, inspirando el realismo mágico.
Por Frank Acuña Castellar Durante largos años, muchos de los habitantes del hoy departamento de Sucre creímos y nos convencimos de que las únicas referencias de la obra de Gabriel García Márquez asociadas al territorio sucreño eran Crónica de una muerte anunciada, La mala hora, Los funerales de la Mamá grande y las crónicas sobre La Sierpe. Sin embargo, en una investigación del año 2021 liderada por la escritora y periodista María del Pilar Rodríguez y por quien esto escribe, se hicieron reveladores hallazgos que ratifican aún más de manera gráfica y literal, cuán inspirador resultó para Gabo, tanto Sincelejo con una singular microhistoria, como Sincé con uno de sus hijos más ilustres. Gabo, cuya bisabuela paterna era sincelejana (María de los Ángeles Paternina), y habiendo compartido algunos años de bachillerato en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá con los hermanos Urueta Velilla de Sincelejo, y en Bogotá con un amigo sinceano estudiante de Derecho, ya había logrado compenetrarse estrechamente con las dinámicas identitarias de estos territorios. A esto se le suman las no cortas temporadas que vivió en Sincé y Sucre Sucre, donde conoció su cultura e interactuó con atractivas personalidades, que lo inspiraron para que ya entrada la década de los 50, más exactamente en 1951 trabajando como columnista estelar de El Heraldo y luego en Bogotá en 1954 como reportero y editorialista de El Espectador; y con su agudo sentido periodístico ya plenamente afianzado, García Márquez escribiera un par de interesantes artículos, que hasta el día de hoy habían permanecido desconocidos y prácticamente inéditos a la luz de toda su obra, relacionada con estas latitudes. Los textos titulados: “Jorge Álvaro” y “Hay que cuidar los fantasmas”, representan una muestra inequívoca de inspiración y temática garciamarquiana que atrapa y seduce, tanto por su estilo y ritmo, como por su contenido humanista y surreal, que los hace apetecidos como un maravilloso descubrimiento literario y periodístico. En “Jorge Álvaro” publicado en la sección La Jirafa de El Heraldo, aparece como motivo de inspiración Jorge Álvaro Espinosa, un joven Abogado oriundo de Sincé, que en sus memorias describe como definitivo en su formación literaria; y que, en este texto, muestra otra faceta del personaje, destacando su llamativa y fascinante personalidad en unas extraordinarias líneas que resaltan su impacto en la vida del escritor. Por otra parte, “Hay que cuidar los fantasmas”, publicado en la sección Día a Día de El Espectador, destaca tanto por su ubicación geográfica y circunscripción territorial, así como por su muy puntual contenido provinciano relacionado con Sincelejo. En este artículo García Márquez describe una historia, recrea un tema, menciona un barrio y demuestra una especial conexión en la que muy probablemente subyacen aspectos que expresan su cercanía desde los recuerdos con dos de sus compañeros de bachillerato en Zipaquirá-, parientes de Mercedes Barcha, con quienes seguramente García Márquez conversaba sobre historias y cultura popular sincelejana, de las cuales ya siendo periodista en el Espectador, extrapola y plasma de manera magistral, haciendo referencia a pintoresquismos de la entonces emergente población sabanera y hoy capital del departamento de Sucre. Estos dos textos ponen de manifiesto el significativo aporte que historias y personajes del hoy departamento de Sucre hicieron al realismo mágico de Gabo, y cómo a su vez, Sincelejo y Sincé ayudaron notablemente a la configuración de Macondo. Fragmento de “Jorge Álvaro”: “Con Jorge Álvaro Espinosa –ese grande amigo de enormes ojos impenitentemente verdes que ahora nos visita- salvamos en Bogotá, hace cuatro años, la crisis de querer volvernos ingleses. Jorge Álvaro había leído a Shakespeare y lo citaba en la versión castellana y un poco arrabalera de algún traductor de tangos dramáticos. Pero, de todos modos, había leído Shakespeare, en un grupo que a duras penas había pasado de don Juan Valera, y eso le daba cierto prestigio parlamentario, cierta severidad británica que lo colocaba, decididamente, a la vanguardia del movimiento.” Del deseo de volvernos ingleses pasamos al deseo de volvernos renacentistas. Jorge Álvaro, a la cabeza del grupo, quemaba etapas en una alegre evolución retrospectiva que no parecía tener otro término temporal que la bíblica hoja de parra en ese paraíso de frio e intereses creados que es la capital de la república. Sin disimular la nostalgia que le producen los recuerdos de aquella época alegre, casi infantil, Jorge Álvaro comenta: «Habríamos sido capaces de suicidarnos para parecer poetas». Y eso me hace pensar que, mientras resuelve los problemas contabilísticos de una empresa textil, Jorge Álvaro sigue teniendo mucho de buena genialidad.” Fragmento de “Hay que cuidar los fantasmas”: “El fantasma, una institución que se creía perdida para siempre, ha reaparecido en Sincelejo provisto de todos los elementos recomendados por la mejor tradición. Dos jóvenes, vecinos del barrio de Las Peñitas, uno de los más pintorescos, y por cierto no el más sombrío de la localidad, hicieron ayer este sensacional descubrimiento que inaugura una nueva era fantasmal […] Como compensación, los habitantes de Sincelejo, en este caso concreto y todos los pueblos donde nuevos y renovados fantasmas hagan su providencial aparición, deben a su vez proteger sus espectros nocturnos. Es esa una institución municipal tan respetable como el barbero, el burro del aguador o el camellón de cemento por donde se pasean las muchachas al atardecer. Hay que procurar que esas instituciones no desaparezcan, porque de ellas depende el que los pueblos, aunque ya estén a punto de convertirse en ciudades, conserven su añejo y misterioso encanto.”