
¡Pilas, Presidente, ¡Con el peaje de Tolú!

La instalación de un peaje en Tolú genera rechazo y suspicacias. La comunidad denuncia una imposición arbitraria de la concesión Ruta al Mar, cuestionando sus verdaderas intenciones.
Por Emiro Arrazola Ospina La intención de instalar un peaje en las cercanías de Tolú no solo ofende a la población turística del golfo, sino que también genera gran suspicacia frente al empecinamiento de la concesión Ruta al Mar y la ANI (Agencia Nacional de Infraestructura) en imponer una medida que atenta contra los intereses de Tolú y sus habitantes. Desde la propuesta inicial de la concesión a la ANI, nunca se contempló un peaje en Tolú. Solo se mencionó el peaje de La Caimanera. Es por eso que a los toludeños nos indigna la insistencia y la manera arbitraria en que pretenden imponernos un peaje en nuestro municipio, algo que jamás estuvo planeado. De hecho, ya vivimos un primer intento cuando la concesión construyó una caseta de peaje frente al puerto marítimo de Tolú. Aquella vez, la presión colectiva de los sucreños obligó a la concesión a desmantelar la caseta. Desde su origen, este peaje fue llamado “Peaje de La Caimanera”, no “Peaje de Tolú”. En Colombia es tradición nombrar los peajes según el lugar donde se ubican: por ejemplo, el de Puerto Colombia, que lleva ese nombre por su cercanía al municipio, o el de Gambote, por el corregimiento que atraviesa. Siguiendo esta lógica, el peaje debería estar en las inmediaciones de la ciénaga de La Caimanera, específicamente en algún punto de la nueva variante hacia San Antero, construida por la concesión Ruta al Mar. Si la ubicación del peaje se hubiera discutido de manera clara desde el principio sobre este sitio probablemente hoy no tendríamos este conflicto o estaríamos cerca de un consenso. Sin embargo, este tipo de imposiciones arbitrarias no es algo nuevo. Basta recordar lo que ocurrió en La Guajira, donde la misma concesión quiso instalar un peaje y se encontró con la férrea oposición de los indígenas, quienes lograron evitarlo. Ese precedente terminó con la terminación del contrato. Algunos sugieren que la ubicación propuesta del peaje en Tolú no es más que una provocación, similar a lo ocurrido en La Guajira. Esto podría ser utilizado como excusa para que la concesión invoque cláusulas de incumplimiento contra el Estado. Tanto la ANI como la concesión saben que ni los toludeños ni los sucreños vamos a aceptar la instalación de un peaje en Tolú. Además, tienen presente que ya fuimos nosotros quienes eliminamos las talanqueras del peaje de La Caimanera en Coveñas. Este no es un simple debate local. Detrás de esta polémica están en juego más de tres billones de pesos. Señor presidente, esté atento: Tolú no puede convertirse en el conejillo de indias de un litigio millonario contra el Estado.