¡En Cuba, se vive bajo régimen de Miguel Díaz Canel!
El socialismo del siglo XXI, gestado en Cuba, revela patrones autoritarios en Venezuela y Nicaragua. La concentración de poder y la supresión democrática son claves en estos regímenes, que preocupan a Colombia.
Por Dairo Pérez Quien haya vivido en Cuba experimenta de cerca la represión y el control absoluto que se impuso en la isla, desde el primer gobierno de los Castros, puedo decir que las dictaduras de Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros países con regímenes autoritarios comparten ciertos elementos que los unen bajo una misma ideología: el socialismo del siglo XXI. Esta corriente, que se gestó a partir de las ideas de Hugo Chávez en Venezuela, se ha caracterizado por concentrar el poder en manos de un líder supremo, socavar las instituciones democráticas, atacar a la oposición y manipular el aparato estatal para perpetuar el control. Venezuela, bajo el liderazgo de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, ha caminado por una senda muy similar a la de Cuba. El chavismo ha implementado políticas de control estatal sobre la economía, ha desmantelado las instituciones democráticas y ha criminalizado la disidencia. Lo que estamos viendo hoy en Venezuela es una crisis humanitaria sin precedentes, donde la represión y la censura son la norma, y la población sufre debido a la escasez de alimentos, medicinas y otros bienes esenciales. Sin embargo, a pesar de la brutalidad de este régimen, Maduro ha logrado mantenerse en el poder gracias al apoyo de fuerzas externas como Rusia y China, además de la lealtad de las fuerzas armadas. El temor es que, en algún momento, Venezuela termine como Cuba, donde la dictadura se convierte en un sistema de control total, sin vías para una salida pacífica o democrática. Nicaragua, con Daniel Ortega a la cabeza, sigue un camino similar. A pesar de haber llegado al poder como un líder de izquierda con la promesa de un cambio radical, Ortega ha consolidado un régimen autoritario, ha suprimido a la oposición y ha violado sistemáticamente los derechos humanos. En este sentido, Nicaragua ya ha adoptado muchas de las características de la dictadura cubana: persecución a los opositores políticos, control de los medios de comunicación y la implementación de un sistema electoral que no permite una verdadera competencia política. El país se ha convertido en una réplica de lo que fue Cuba bajo Fidel Castro. En cuanto a Colombia, el presidente Gustavo Petro y su gobierno generan preocupación entre los opositores y, gran parte de la sociedad, quienes temen que el país pueda derivar hacia un modelo más cercano al socialismo, o incluso a un autoritarismo similar al de Cuba. Aunque las circunstancias en Colombia son muy distintas, el ascenso de Petro al poder, su cercanía con figuras como Chávez y su retórica pro-socialista han generado inquietud. Sin embargo, Colombia es un país con fuertes instituciones democráticas, y es importante señalar que la democracia colombiana tiene una tradición de resistencia ante intentos autoritarios. El camino de Colombia hacia el socialismo del siglo XXI no es una certeza, pero la polarización política, las luchas sociales y las dificultades económicas podrían ser terreno fértil para los movimientos radicales. En mi opinión, el socialismo del siglo XXI es un proyecto político que busca la concentración del poder en un solo partido y líder, mientras destruye las estructuras democráticas que permiten la alternancia en el poder. La experiencia cubana es una advertencia de lo que puede ocurrir cuando un régimen consigue perpetuarse en el poder a través del control total de la sociedad, la economía y la política. La situación en Venezuela, Nicaragua y otros países debe ser vigilada con cautela, porque los regímenes autoritarios tienden a expandirse cuando encuentran un terreno fértil para sus ideas, ya sea por medio de la manipulación de los recursos, la represión de la oposición o la intervención de actores externos. Sin embargo, creo que es importante no caer en la desesperanza. Los pueblos de América Latina han demostrado una gran capacidad de resistencia ante los abusos del poder. La clave está en fortalecer las instituciones democráticas, defender la libertad de expresión y construir una sociedad civil sólida que pueda hacer frente a los intentos autoritarios. Si algo nos ha enseñado Cuba es que la lucha por la libertad nunca debe abandonarse, no importa cuán larga o difícil sea.