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Opinión

¿Y si aprendemos?

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
4 de octubre de 2025

¿Y si aprendiéramos a escuchar en silencio? ¿Y si nos quitamos de encima la idea de que en todo momento debemos sacar de la manga respuestas acertadas,

Olga Leonor Hernández Bustamante ¿Y si aprendiéramos a escuchar en silencio? ¿Y si nos quitamos de encima la idea de que en todo momento debemos sacar de la manga respuestas acertadas, calmantes o explicativas de lo que le pasa al otro? ¿Y si nos damos cuenta de que, en ocasiones, más de las que tal vez pensamos, la otra persona solo necesita un receptor tranquilo para poner afuera sus propias ideas y así escucharse a si misma en voz alta? ¿Y si dejamos esa costumbre de tener que decir algo, tipo un consejo o recomendación, para demostrar que estamos prestando atención? ¿Y si fuera suficiente con hacer preguntas rápidas que le permitan al otro aclararse a si mismo lo que está sintiendo o pensando, darse cuenta de contradicciones o algún tipo de emoción no expresada? ¿Y si es más importante saber hacer ese tipo de preguntas que escuchar solo con el afán de dar respuestas? ¿Y si dejamos de lado ese afán de protagonismo que invade las conversaciones y que nos lleva a hablar de nosotros cuando el otro quiere y necesita hablar de si? ¿Y si le discutimos a nuestro ego la necesidad de tener que encontrarle al otro las soluciones a sus problemas? ¿Y si comprendemos que querer arreglar o resolver la vida de los demás en muchas ocasiones es algo que es más para mí, para mi necesidad de sentirme valioso, que en realidad algo que la otra persona necesite? ¿Y si aprendemos a hacer observaciones concretas sobre lo que el otro nos cuenta, más pidiendo aclaraciones que resolviendo acertijos, y así le permitimos a la otra persona usarnos como espejo de sí mismo y de su malestar? ¿Y si preguntamos, antes de hablar, qué espera nuestro interlocutor al hablar con nosotros? ¿Y si entendemos que no siempre tenemos que llenar los silencios con palabras y que muchas veces estar sentado junto a alguien, en una actitud de respetuosa presencia, es lo que reconforta? ¿Y si recordamos que hay lenguajes distintos a la palabra para expresar la atención al otro? ¿Y si nos damos cuenta de que por el afán de responder nos desconectamos de la historia que la otra persona nos está contando? ¿Y si dejamos de pensar que la vida es un problema para resolver y que muchas veces por estar pensando en soluciones nos vamos al futuro y nos perdemos del presente? ¿Y si nos damos cuenta de que hacemos monólogos luchados donde ambos solo luchamos por el centro de atención batallando todo el tiempo por tener el uso de la palabra? ¿Y si aprendemos a no interrumpir y permitir que la otra persona teja sus pensamientos con sus emociones al ritmo en que lo puede hacer? ¿Y si solo escuchamos cuando sea necesario y pedimos ser escuchados cuando lo necesitemos? ¿Es un problema para tu ego que la gente a veces, no siempre, solo necesite de ti un par de oídos disponibles y nada más?