
Volver a creer en Colombia

Esta campaña presidencial ha demostrado que la tecnología se ha convertido en un actor determinante de la contienda. Las redes sociales y la inteligencia artificial han transformado la forma en que los ciudadanos se acercan a la política, pero también han amplificado la desinformación. Por eso, más que nunca, el voto exige criterio propio e información verificada
Esta campaña presidencial ha demostrado que la tecnología se ha convertido en un actor determinante de la contienda. Las redes sociales y la inteligencia artificial han transformado la forma en que los ciudadanos se acercan a la política, pero también han amplificado la desinformación. Por eso, más que nunca, el voto exige criterio propio e información verificada. Seguimos siendo una democracia en la que el voto es libre y, en teoría, secreto, pero no podemos permitir que la desinformación termine tomando decisiones por nosotros. Hoy no solo está en juego la elección de un presidente; está en discusión el rumbo que tomará Colombia en aspectos fundamentales como la salud, la economía, el empleo, las pensiones, la seguridad y el papel mismo del Estado. Esta campaña ha demostrado también, como pocas veces antes, una fuerte polarización no solo entre los candidatos, sino entre sus seguidores y votantes. Precisamente por eso, los ciudadanos no podemos renunciar a nuestra responsabilidad de influir y participar. Por ello, resulta útil revisar las propuestas de los dos candidatos que hoy disputan la Presidencia. Estamos ante dos visiones de país claramente diferenciadas. Por un lado, Abelardo de la Espriella plantea una menor intervención estatal, reducción de impuestos, incentivos a la inversión privada, fortalecimiento de la seguridad y recuperación de la confianza empresarial como motor del crecimiento económico. Por el otro, Iván Cepeda propone un Estado con mayor protagonismo en la garantía de derechos, el fortalecimiento de la protección social y políticas orientadas a reducir las desigualdades históricas. Aunque el papel lo aguanta todo, ninguna política social es sostenible en el tiempo si no existe una economía capaz de financiarla. La discusión no debería ser crecimiento o equidad, sino cómo generar crecimiento para garantizar equidad. Un país que no crece termina repartiendo escasez; un país que crece tiene mayores posibilidades de invertir en salud, educación, infraestructura y protección social. A mi juicio, resulta difícil desconocer que durante los últimos años Colombia ha enfrentado una creciente sensación de inseguridad, incertidumbre económica, dificultades en el acceso a medicamentos y una percepción de debilitamiento institucional que incluso ha afectado nuestras relaciones internacionales. En ese contexto, propuestas orientadas a recuperar la confianza, fortalecer la autoridad democrática y generar crecimiento económico adquieren una relevancia especial. Hay además un elemento que vale la pena destacar. Después de años en los que parecía que el patriotismo había quedado relegado a los eventos deportivos, hoy vuelve a verse con fuerza en las calles y las redes sociales. Cada vez son más las personas que usan camisetas, gorras, banderas y otros símbolos nacionales para expresar no solo apoyo a un candidato, sino también un deseo compartido de recuperar el orgullo por Colombia, algo así como un renovado “Yo soy Colombia”. Ese sentimiento de pertenencia y esperanza es un activo que el país necesita recuperar. Tampoco es un asunto menor la importancia de las relaciones internacionales. Estados Unidos sigue siendo uno de los principales socios comerciales de Colombia y mantener canales sólidos de cooperación económica, política y de seguridad será fundamental para el próximo gobierno. En un entorno global cada vez más complejo, estas alianzas valen oro. En esta elección el voto en blanco no resuelve nada. Cuando están en juego decisiones que marcarán el rumbo del país durante los próximos años, elegir también es una responsabilidad democrática. Y así como los ciudadanos tenemos el deber y el derecho de votar, los candidatos deberían ofrecer más espacios de debate para contrastar propuestas, defender posiciones y permitir que los electores los vean en acción. Personalmente, considero que Colombia necesita una etapa de recuperación institucional y económica. Necesita volver a crecer, recuperar la confianza de quienes generan empleo, garantizar la seguridad de los ciudadanos y fortalecer servicios esenciales como la salud. Por esa razón, encuentro más cercanas a esa necesidad las propuestas que priorizan la generación de riqueza, la autoridad democrática, la eficiencia del Estado y el respeto por la Constitución de 1991. Mi voto será por el Tigre Caribeño.