
Víctima del machismo

Si en tiempos no muy lejanos, la pérdida de la virginidad de las mujeres era una cuestión de honor para las familias (recordemos el caso de Margarita Chica, cuya historia dio origen a Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez), también la infidelidad femenina en esos tiempos era castigada con sumo rigor.
Si en tiempos no muy lejanos, la pérdida de la virginidad de las mujeres era una cuestión de honor para las familias (recordemos el caso de Margarita Chica, cuya historia dio origen a Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez), también la infidelidad femenina en esos tiempos era castigada con sumo rigor. Hay cientos de casos desde la antiguedad que son testimonios de estas prácticas que hoy llamaríamos salvajes. Mencionemos hoy el más conocido, el pasaje del Nuevo Testamento cuando una mujer adúltera fue llevada ante Jesús al ser sorprendida en el acto sexual para ser apedreada por las personas pues ese era el castigo de la infidelidad en esos tiempos. Es bien conocida la genial respuesta del Galileo ante la multitud que la acusaba : “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Hoy quiero darles a conocer a mis lectores, un caso que me impactó cuando me lo contaron, por la sevicia con la que se castigó un acto propio de la naturaleza humana. Mercedes Madrid del Risco, una joven nacida en Colosó, Sucre, hija del sincelejano Facundo Madrid Alvis, contrajo matrimonio a finales del siglo XIX con el médico oriundo de San Jacinto, Alfredo Carrón, quien ejercía su profesión en toda la región sabanera. Establecieron su hogar en Tolú. El médico por cuestiones de su trabajo se ausentaba frecuentemente para Sincelejo y otras poblaciones, y ella, una joven fogosa, se veía con un cachaco que seguramente le proporcionaba lo que no le daba el galeno por sus ausencias. Llegó a los oídos del doctor los encuentros de su esposa con su amante y se fue a ponerle las quejas a su suegro, Facundo Madrid. Este se fue inmediatamente para Tolú a buscar a su hija y se la trajo para Colosó, donde vivía él con su familia, su esposa y otros hijos e hijas. La encerró durante 15 años en el segundo piso de la casa, de donde no podía salir ni ver a nadie. Prisionera en su propio hogar. Una pajarita encerrada en su jaula de oro por querer disfrutar de su libertad. Después de 15 años de encierro fue liberada parcialmente; enviada para donde una hermana que vivía en Cartagena. Allí pasó esta señora los últimos años de su vida sumida en una depresión que le quitó el gusto por la vida. Los crímenes del machismo que no salen a la luz pública. Esta nota quiere visibilizar la historia de esta mujer que prácticamente fue sepultada en vida por un sistema patriarcal y machista que no le perdonó que satisficiera sus instintos naturales.