
Veinte años de la Ley de Justicia y Paz en Colombia: Un balance doloroso e inconcluso

A 20 años de la Ley de Justicia y Paz en Colombia, su impacto sigue siendo polémico. Millones de víctimas claman por reparación ante la impunidad, mientras la paz enfrenta desafíos.
Por Susana Viera Hace 20 años, en 2005, se promulgó en Colombia la Ley de Justicia y Paz, una legislación que pretendía ofrecer una salida a los actores armados ilegales del conflicto interno a cambio de su desmovilización, el reconocimiento de sus crímenes y una reparación a las víctimas. Esta ley fue concebida como una oportunidad para avanzar en la construcción de paz, pero, dos décadas después, su impacto sigue siendo polémico y profundamente cuestionado por muchos sectores de la sociedad colombiana. Los resultados de esta Ley no son alentadores. En términos de víctimas, los datos son aterradores. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, el conflicto armado en Colombia ha dejado más de 9 millones de víctimas entre desplazados, asesinados, desaparecidos y víctimas de violencia sexual. Millones de víctimas no han sido reparadas. Los bienes de los “postulados”, que deberían haber sido destinados a las víctimas, se encuentran dispersos o, en su mayoría, insuficientes para resarcir el daño causado y muchos de los responsables de las atrocidades cometidas por los grupos armados, en lugar de enfrentar una justicia, han gozado de beneficios que no están acordes a la magnitud de sus crímenes. La impunidad parece ser para los actores paramilitares y guerrilleros, como el dolor irreparable es a las víctimas. Miles de vidas arrancadas de manera cruel e injusta, y aunque se han logrado avances, estamos frente a una verdad, la Ley es insuficiente para sanar heridas tan profundas. Sin embargo, en el camino hacia la reconciliación, hay otra verdad que nos toca profundamente: el perdón no es olvido, sino una manera de liberar el alma del peso del sufrimiento y no significa condonar la injusticia. “Perdonar no es olvidar, es liberar el corazón del rencor”, decía Nelson Mandela. En un país que se enfrenta al reto de reparar a las víctimas, la solidaridad debería ser el pegamento que une las piezas rotas de nuestra sociedad. Pero ¿es solidaridad que se costee las atrocidades de guerrilleros y paramilitares del presupuesto general de la nación, y no de los bienes de los responsables directos? Nos vemos a prueba frente a las disparidades de trato hacia las víctimas y los victimarios. A pesar de las limitaciones evidentes de la Ley de Justicia y Paz, hay una lección que no debemos olvidar: la verdadera paz no puede lograrse sin justicia y la verdadera justicia no se alcanza únicamente con leyes que se quedan a medio camino. No debemos olvidar, como dijo Rigoberta Menchú “La paz no es solamente la ausencia de guerra”. Urge que la justicia llegue pronto a todos los rincones de nuestra patria.