
Unidos por la paz

La violencia en Colombia, impulsada por grupos criminales, genera desplazamiento masivo y terror. Las víctimas, rechazadas en zonas urbanas, enfrentan discriminación, mientras líderes sociales son asesinados.
Por Édgar Arrieta González Distintas manifestaciones de violencia amenazan seriamente la seguridad del Estado y de la población, como lo demuestran las corrientes de desplazados en casi todas las regiones del país, pues, las organizaciones delincuenciales participan de esta lógica perversa de control territorial y poblacional y son fuente directa de desplazamiento masivo de la población campesina e incluso semiurbana. La violencia que se libra en Colombia exige como condición para su supervivencia la subordinación mediante el terror de las poblaciones que habitan las regiones que dominan los señores de la guerra. Es de anotar que nuestro país desde finales del siglo pasado hasta nuestros días no ha vivido ni en estado de guerra, ni en estado de paz, sino en procesos de paz que coexisten con altísimos índices de violencia difusa y violencia organizada para confundirnos aún mucho más. El impacto es devastador, los que huyen de la violencia y tratan de ubicarse en la zona urbana son percibidos como una fuente de criminalidad, invasión ilegal de territorios, extensión de los suburbios desprovistos de servicios públicos, educación y salud. Como consecuencia de esta visión las familias que abandonan sus tierras tienen el rechazo social en los centros urbanos donde buscan protección, pues, son percibidos como criminales en potencia y discriminados totalmente, sean negros, blancos o indígenas; constituyendo uno de los tantos problemas graves de la sociedad colombiana en las últimas décadas. ¿En que estamos pensando los colombianos?. Se firmó un acuerdo de paz con las FARC y con muchas dificultades se trata de gestionar otro con el ELN; más sin embargo unos grupos sin pensamientos ideológicos definidos como terminaron siendo los anteriores, se están matando en los campos, con el agravante que esta triste situación se ha recrudecido en la zona urbana donde han sido masacrados y asesinados lideres(as) sociales quienes de una u otra manera luchan por la atención y bienestar de sus comunidades que carecen de los instrumentos más elementales para su supervivencia. Infortunadamente vivimos en un país donde existen jefes políticos de alta gama, guerreristas y malévolos, que solo miran sus conveniencias económicas y políticas y la de sus allegados. Que desgracia que en nuestro suelo colombiano, uno de los mas ricos en el mundo en cuanto a flora, fauna, minería, petróleo, con dos mares, variedad étnica, incontables ríos y tantos elementos positivos, vivamos esta absurda contienda donde los que sufren sus consecuencias es el pueblo desprotegido y excluido. Queremos vivir en paz.