
Una Ley diabólica

La Ley Trans en Colombia busca cambiar la identidad de género de menores sin consentimiento parental. El proyecto, respaldado por la izquierda, alarma por sus implicaciones en educación y atención médica.
Por Selma Samur de Heenan En el Congreso de Colombia se está debatiendo la llamada Ley Trans, impulsada por varios congresistas de izquierda y respaldada por muchas organizaciones de esa misma tendencia. Se ha propuesto dar plena libertad a niños desde los siete años para que puedan cambiar legalmente su “identidad de género” sin necesidad de evaluación médica o psicológica, y, peor aún, sin que sus padres lo autoricen o lo sepan. Los alcances de este proyecto son alarmantes, porque implican que el niño podrá exigir ser tratado como del sexo opuesto en su colegio, en centros de salud y ante cualquier entidad pública, sin que nadie pueda oponerse legalmente. Las instituciones estarían obligadas a acatar esta autodefinición bajo amenaza de ser sancionadas por “discriminación”. Además, se pretende imponer un nuevo lenguaje ideológico en los documentos oficiales, en el sistema educativo y en la atención médica, sustituyendo la verdad biológica por una percepción subjetiva. Lo más grave es que esta ley convertiría en un “derecho” individual absoluto, una idea impuesta desde afuera, anulando la posibilidad de acompañamiento, guía o corrección por parte de los padres, porque, si estos intentan ofrecer ayuda psicológica o espiritual para salir de su confusión, podrán ser acusados de ejercer presión emocional y perder la patria potestad sobre los menores. Se pretende que los adultos se limiten a afirmar como cierto y correcto lo que, según su autopercepción, quieran hacer los niños. Por tanto, invitar a un hijo a entender su biología, a explorar sus heridas, o simplemente a esperar a ser mayor de edad, será visto como un obstáculo denominado “terapias de conversión”, que consideran una forma de violencia. La escuela reemplaza a la familia, y el Estado toma decisiones médicas, legales y emocionales en nombre del “bienestar” del menor, sin necesidad de los padres. Todo se hace en nombre de la inclusión, pero se excluye al papá y a la mamá. El mensaje es claro: “Su hijo ya no es suyo. Es del sistema”. Este proyecto hace parte de una estrategia global iniciada hace décadas y que busca acabar con la institución familiar como la concibió Dios, por eso legalizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo. Levantemos la voz de alerta y defendamos a la familia, y los derechos de los padres sobre sus hijos que ahora buscan suprimir mediante una ley diabólica.