
Una deuda con Sincelejo

La deuda del Estado colombiano con las víctimas de la violencia es incalculable. El desplazamiento forzado impacta municipios como Sincelejo, que necesitan más apoyo e inversión.
En todo sentido, la deuda que el Estado colombiano tiene con las víctimas de la violencia pareciera incalculable. El panorama de las víctimas por desplazamiento forzado y migración hacia otros territorios deja una foto en el presente que desalienta, más, cuando el Gobierno nacional a lo largo de los últimos años ha creado tantas entidades como le ha parecido para atenderlas, pero la demanda es alta y aún es insaldable. Una de las cosas que poco contempla la ley es resarcir a esos municipios que recepcionan a esos miles de migrantes y que con su llegada impacta generalmente de manera negativa en el desarrollo de las urbes. Nada más es ver como Sincelejo tiene 14 invasiones en su mayoría habitadas por venezolanos y personas que llegaron a buscar un futuro mejor. Y si se cuestiona la poca inversión en municipios receptores es porque la simple creación de zonas que las identifican o congregan como las Zomac, que agrupa a las más afectadas, no terminó dándole a Sincelejo la posibilidad de esta allí como una forma de contribuir a subsanar y atender con mejor inversión e infraestructura a todas esas personas. Por eso insistimos en que la mirada no debe ser solo a las víctimas que tiene la ciudad, es también mirar hacia el ente territorial y dar las alternativas para que pueda atender y atenderse mejor ante estos éxodos.