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Opinión

Un voto humanista y patriótico

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
20 de abril de 2026

Se cumplió el plazo para la modificación de las fórmulas para presidente y vicepresidente de la República y ahora sí están en el tarjetón quienes disputarán el primer cargo público de la Nación en forma definitiva, con su posible sucesor en casos de faltas absolutas o temporales.

Se cumplió el plazo para la modificación de las fórmulas para presidente y vicepresidente de la República y ahora sí están en el tarjetón quienes disputarán el primer cargo público de la Nación en forma definitiva, con su posible sucesor en casos de faltas absolutas o temporales. Es una tarjeta electoral variopinta donde hay candidaturas de todos los colores, olores y sabores, es decir, hay de donde escoger. De manera que no existe justificación alguna para la abstención o indiferencia, a no ser que lo que se busque es un ser salido de las entrañas celestiales. Sin embargo, sería bueno que no nos inclináramos por el continuismo que tantas desgracias le ha traído a la patria durante estos cuatro años de mandato omnímodo, dictatorial y radical, y además chabacano, fulero y chambón. Hay entonces que doblar la página y buscar una figura que no represente más de lo mismo y quizás peor. Desde ya deberíamos entrar en un período de profunda reflexión, sopesando lo acontecido en temas como la corrupción, el desbarajuste económico y fiscal, la inseguridad rampante, la complacencia con los grupos terroristas, la incompetencia gubernamental, el abandono de la infraestructura vial, sobre todo de las vías terciarias, el deterioro de la imagen internacional del país, la feroz persecución al aparato empresarial y productivo, el desastre en la salud, la utilización descarada de los recursos públicos para que el partido y los políticos afines al régimen se los gasten en politiquería, entre otros males que hicieron metástasis en la arquitectura de la Nación. No es entonces de poca monta lo que está en juego en las elecciones del 31 de mayo próximo y en las del 21 de junio, si es que hay segunda vuelta, razón por la cual no debemos tomar deportiva y relajadamente una decisión al respecto sino, por el contrario, con absoluta responsabilidad, juiciosa y conscientemente, teniendo siempre presente los principios tutelares de nuestro país y los propósitos superiores que rigen la institucionalidad y la dignidad de la población para que seamos una Nación próspera y respetada en el concierto internacional. No puede tampoco ser ajena nuestra decisión a la esencia humanística que debe predominar cuando se trata de optar por unas propuestas gubernamentales que están en juego en las justas democráticas. En resumen, nuestro voto debe ser consciente, humanista y patriótico.