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Opinión

Un templo educador

Luis Manuel Espinosa
Luis Manuel Espinosa
Columnista
7 de diciembre de 2022

En el claustro de la Universidad de Cartagena, egresados de Medicina de 1972 celebraron 50 años de carrera. El evento honró su trayectoria y evocó recuerdos de una profesión "mitológica".

Por: Luis Manuel Espinosa Espinosa El primero de diciembre pasado, se celebró, en el claustro de San Agustín de la Universidad de Cartagena, cincuenta años de vida profesional de la promoción de egresados en 1972 de la facultad de medicina. El acto fue presidido por Raúl Vargas Moreno y Aldo Fuentes Castro, organizadores del evento, con la colaboración de Carmen Osorio y Rafael Niebles Romero. A nombre de los egresados habló Juan B. Espinosa Pacini, quien, a manera de introducción, manifestó que la medicina no es una profesión, ni un arte, ni siquiera una filosofía, sino una condena mitológica, genética y atávica, que arrastra a través de la vida, a quienes la ejercen, en un intento evolutivo, de ayudar a la preservación de la especie… Continuó diciendo, que el concepto de médico, como todos los conceptos, se origina en Grecia, explicando que allí Esculapio, hijo del Dios Apolo, junto con Hipócrates, crearon la imagen del médico como, historiador, filósofo y artista. Y que en esta fecha, precisamente, en el paraninfo del alma mater cartagenera, se reunían, tanto sus compañeros de promoción, como él, colmados de espíritus y recuerdos, para celebrar y evocar cincuenta años de esta sublime profesión de médico. Para después, expresar sus agradecimientos a todos esos seres queridos, como fueron, especialmente, padres y madres, por el esfuerzo hecho, al brindarles la oportunidad de ser hoy lo que son, para finalizar enfatizando: La hermandad no es solo compartir ADN, sino, compartir por años que parecían interminables, esa unión de ayudas mutuas, de sufrimientos y vivencias, en triunfos, derrotas y amores, como los que gozaron y padecieron. Igualmente, reconocer eternos momentos de satisfacción compartidos con sus cónyuges e hijos. A quienes también deben el éxito logrado a lo largo de esto cincuenta años, por el apoyo recibido. Luego del ceremonial de entregas y otorgamientos de reconocimientos por parte de los representantes académicos, hubo efusivos abrazos y expresiones de afecto. Darío Aguinaga, cantó su composición Bodas de Oro: Aldo Fuentes, en su condición de impulsador de la asociación, refirió lo que constituía para el grupo de egresados, culminar la carrera de medicina, cuando, casi todos, provenían de hogares con precariedades económicas o sin mayores posibilidades para el sostenimiento de sus estudios, lo que los obligaba a compartir libros y muchas veces también los propios alimentos. Otros, como Raúl Vargas, trajeron a colación los nombres de profesores y mentores como el inolvidable decano de medicina, Abel Dueñas Padrón. Hubo de recordarse también, aquellos bellos momentos, cuando en los amaneceres de las fiestas universitarias, el acordeón de Juan Cueter, el tambor de Mariano De león y la animación de Ernesto Botero y Gustavo Corrales, hubieron de volverse proverbiales.