
Un tema para reflexionar

¿Cuál será el propósito o misión al llegar al mundo material? Observarnos para descubrir quiénes somos verdaderamente. Traemos una impronta grabada con la manera correcta de vivir. Nos dan libertad de elegir como pensar, sentir o actuar, eso sí, respondemos por las consecuencias de ese pensar, sentir y actuar. Al ser el Padre Creador, somos sus hijos. Cada uno debe lograr correr ese velo y honrar su esencia, su presencia viva. Nos habla interiormente a través de la conciencia, con infinito amor y sabiduría. Pone a nuestra disposición todo lo bueno, y nos da elementos para entender, discernir y comprender los opuestos.
¿A quién le oramos? A un ser superior, creador de todo lo creado. Vive en estado físico y espiritual. Por lo tanto es real, cercano, amoroso, somos parte de su creación. Vela por nosotros en todo momento, en silencio, Él es silencio. ¿Y, qué es un estado espiritual? Es una condición diferente a la vida en el plano terrenal. Aquí todo lo podemos ver, palpar y escuchar con los sentidos físicos. El plano espiritual es paralelo, es decir, que dentro de la apariencia externa que conocemos de todo ser viviente, habita la Fuente Divina que nos da vida, en forma de luz o energía. Lo sabe todo, lo ve todo. Bien lo dijo el Maestro Jesús: “Mi reino no es de este mundo.” Todos pertenecemos a ese reino del que habló Jesús, vinimos de él, y al abandonar nuestro cuerpo, volvemos a él, al mundo espiritual. ¿Cuál será el propósito o misión al llegar al mundo material? Observarnos para descubrir quiénes somos verdaderamente. Traemos una impronta grabada con la manera correcta de vivir. Nos dan libertad de elegir como pensar, sentir o actuar, eso sí, respondemos por las consecuencias de ese pensar, sentir y actuar. Al ser el Padre Creador, somos sus hijos. Cada uno debe lograr correr ese velo y honrar su esencia, su presencia viva. Nos habla interiormente a través de la conciencia, con infinito amor y sabiduría. Pone a nuestra disposición todo lo bueno, y nos da elementos para entender, discernir y comprender los opuestos. Hemos humanizado a Dios. Nos referimos a Él como si fuéramos sus compinches. Le adjudicamos virtudes humanas, le pedimos un gol para que gane nuestro equipo de preferencia, y el fans del equipo contrario pide lo mismo. El malintencionado pide que le vaya bien ‘en su trabajito’ haciendo daño por doquier, sin responsabilidad, abusando de otros, pero exige buenos resultados. Imploramos salud, pero abusamos de ella, con excesos que destruyen nuestro organismo. Lo que es un préstamo para la supervivencia de todos, lo escrituramos a nombre de unos pocos. Nos ha quedado grande comprender que, el otro y yo, somos los mismos, que tenemos igual misión y el mismo origen. Solo que cada uno experimenta su proceso de vida de manera diferente, y eso se respeta. El alma, de cada uno, siempre está lista para entender, cuando asimile y desentrañe la realidad.