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Opinión

Un santo mulato

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
3 de noviembre de 2024

Juan Martín de Porres Velázquez, nacido en Lima en 1579, demostró desde niño una profunda vocación por la santidad. "El santo de la escoba" fue un ejemplo de humildad y caridad.

Por Selma Samur de Heenan En 1579 nació en Lima (Perú) Juan Martín de Porres Velázquez, hijo de un español y una esclava panameña que había recibido la libertad. Desde muy pequeño dejó ver que su camino era el de la santidad. Demostró interés especial hacia todo lo bueno noble y sublime. Tenía la gracia de la compasión porque era muy grande su sensibilidad frente al sufrimiento de la gente, fuera por enfermedad o pobreza, buscando ayudar hasta el punto de regalar lo poco que su mamá le daba, para él mismo o para que comprara algunos víveres para la casa. Sus primeros oficios fueron como ayudante de barbero y de herborista, destacándose por su esmero en hacer siempre su trabajo con el fin de ayudar a otros. En la Orden de Santo Domingo de Guzmán, fue rechazado para monje por su poca educación y el hecho de ser hijo ilegítimo. Sin embargo, lo admitieron como hermano terciario, y le encomendaron algunos oficios: portero, barrendero, enfermero. Fue tanta su dedicación, humildad y caridad, que se ganó el cariño de todos, permitiéndole hacer los votos religiosos de fraile dominico. Su apodo más conocido es “el santo de la escoba”, porque permanecía barriendo el convento. Sus virtudes dejaron en evidencia que la libertad y grandeza de un ser humano, no radica en su belleza o riqueza. Martín fue un “mulato”, según antigua denominación para los nacidos de padre blanco y madre negra o viceversa, que se santificó por su obediencia para hacer los trabajos que nadie más quería realizar. Sus múltiples milagros se iniciaron y cumplieron en vida, y de ellos se hablaba en todo Lima, ya que, incluso, fueron muchos los enfermos desahuciados que ante su sola presencia sanaban. Sus dones fueron reconocidos, pese a que él prefería ocultarlos. Levitaba, se bilocaba y tenía el conocimiento de las almas. Así quedó registrado por cientos de testigos que lo vieron elevarse por los aires, entrar y salir del convento o de otros recintos, cuando se sabía que el fraile estaba en su celda con las puertas cerradas con trancas. También se constató que al mismo tiempo estuvo en dos lugares, y hasta en países distintos. Fue nombrado como “Santo Patrono de la Justicia Social” y “Patrón Universal de la Paz”. Cada tres de noviembre, la Iglesia Católica celebra la memoria de este mulato santo.