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Opinión

Un país sin carácter

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
27 de octubre de 2024

Colombia enfrenta conflictos sin recurrir al diálogo. La falta de consenso, reflejada en la renuncia a la nacionalidad y las desigualdades, evidencia una crisis de valores y autogestión.

Por Susana Viera En Colombia términos como conciliación, avenencia, mediar, consenso no surgen espontáneos como primera instancia de resolución de conflictos. En lo macro y lo micro, adolecemos de falta de mutuo acuerdo, primero la sangre. Vivimos como desagregados bélicos, defendiendo nichos de territorio, en un estado social de derecho. Para entender las dinámicas jurídicas, me acojo a un principio natural, “lo que en derecho se hace, en derecho se deshace”. Razonablemente existe el mutuo acuerdo para la liquidación de la sociedad conyugal, como una perspectiva del ejemplo micro social. Pero cómo nos divorciamos de la Nación, cuando ya no puedes convivir bajo el mismo techo de injusticias y vulneración de derechos. Existe la renuncia a la nacionalidad, mediante acta presentable ante el Ministerio de Relaciones Exteriores, trámite que puede deshacerse como todo en derecho. Quienes renuncien a la nacionalidad, podrán recuperarla, formulando una solicitud en tal sentido. ¿Queremos seguir en esta Colombia empobrecida, agobiada, violenta, desmoralizada y polarizada o renunciamos a ella? ¿Cuántos con la bandera invertida, en las calles y en las redes? Los unos a los otros, acusándonos de destruir el país. Tenía la esperanza que este artículo perdiera vigencia, que el tema de esta semana fuesen los resultados esperanzadores de mutuos acuerdos. No hay norma o tratado que verse sobre la solidaridad de pareja en labores del hogar, la fidelidad o el amor maternal incondicional. No existen leyes jurídicas que versen sobre la generosidad o bondad del ser humano. Existe la propiedad privada y los bienes públicos. En mi opinión las desigualdades siempre serán un asunto irresuelto, no todos aplicamos el mismo esfuerzo e invertimos el mismo tiempo y nos debemos en igual medida al compromiso. El egoísmo, la avaricia, la discriminación, el desequilibrio, el desamor, la deshumanización conllevan a la violencia. No son leyes, son conductas humanas que nos gobiernan; la mediación exige autogestión. ¿A quién le agrada el limpiador de vidrios en la esquina del semáforo? Ese que empaña el panorámico con agua sucia, a los que van camino al trabajo, de compras, a una cita médica o quizás amorosa. Sacas un par de monedas y te sientes el mejor ser humano, recibiendo bendiciones a muy bajo costo o gritas vidrios arriba ¿este vago por qué no trabaja? No hay articulado constitucional o bloque del derecho internacional que obligue a la empatía humana. Existen derechos fundamentales que nos igualan y profundas desigualdades que nos separan. “En un país bien gobernado, la pobreza es motivo de vergüenza, pero en un país mal gobernado, el motivo de vergüenza es la riqueza”. Confucio. Sin autogestión, sin autodeterminación, sin sostenibilidad, seguiremos siendo un país sin carácter .