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Opinión

Un mercado laboral cambiante

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
6 de mayo de 2026

El mercado laboral en América Latina está cambiando, pero no al ritmo que la gente necesita. El Banco Interamericano de Desarrollo lo mostró con cifras: la región tiene hoy más educación, más participación laboral femenina y más trabajadores que hace treinta años, pero la informalidad sigue atrapando a casi la mitad de quienes generan su sustento. Y en departamentos como Sucre, esa realidad es la vida diaria.

El mercado laboral en América Latina está cambiando, pero no al ritmo que la gente necesita. El Banco Interamericano de Desarrollo lo mostró con cifras: la región tiene hoy más educación, más participación laboral femenina y más trabajadores que hace treinta años, pero la informalidad sigue atrapando a casi la mitad de quienes generan su sustento. Y en departamentos como Sucre, esa realidad es la vida diaria. El informe del BID señala que, entre 1990 y 2023, el ingreso laboral real en la región solo creció 18%. Tres décadas de esfuerzo para un avance mínimo. Cuando la productividad no despega y la mayoría de los empleos se concentra en actividades de baja escala, los ingresos no alcanzan. Micronegocios que sobreviven, trabajadores por cuenta propia sin protección y una economía que depende de sectores donde la formalidad es casi un lujo. Y precisamente ahí está el reto. En Sucre, muchos negocios empiezan bien, pero se quedan atrapados en mercados pequeños, sin acceso a crédito, sin acompañamiento técnico y sin herramientas digitales. El BID insiste en que la región necesita conectar a los emprendedores con cadenas de valor más grandes, porque sin esa conexión la productividad no mejora y los ingresos tampoco. La formalidad, por su parte, no puede seguir siendo un trámite costoso y confuso. En departamentos con alta ruralidad y baja digitalización, pedirle a un pequeño comerciante que “se formalice” sin cambiar las reglas es una tarea muy difícil. Reducir costos, simplificar procesos y llevar los servicios del Estado a donde realmente están los trabajadores es un primer paso para que la formalidad deje de ser una barrera. También necesitamos un sistema de protección social que entienda cómo trabaja hoy la gente. El BID lo plantea con claridad: la región no puede seguir construyendo políticas para un trabajador típico que ya casi no existe. En Sucre, donde la mayoría combina varias actividades para completar el ingreso, la protección social debería adaptarse a esa realidad, no al revés. El Caribe colombiano tiene talento, creatividad y una enorme capacidad de trabajo. Lo que falta es un entorno que permita que ese esfuerzo se traduzca en ingresos dignos y oportunidades reales. Si algo deja claro este diagnóstico es que mejorar el mercado laboral no es un sueño técnico sino es una urgencia social. Entender al emprendedor y reconocer lo que exige el mercado laboral hoy, es el primer paso hacia mejorar los ingresos de toda la población.