
Un mal presagio

El cierre del gasoducto Mariquita-Cali por actividad volcánica expuso la vulnerabilidad energética en Colombia. La escasez de gas y la negativa a explorar nuevos yacimientos amenazan el suministro nacional, según expertos.
Por: Ismael Guerra de la Ossa El reciente problema de suministro de gas en 55 municipios del suroccidente colombiano a raíz de una anomalía térmica en el volcán Cerro Bravo, ubicado en Tolima, que generó el cierre operacional del gasoducto Mariquita-Cali, todos pudimos ver por televisión, la angustia que padecían familias enteras de todos los estratos sociales, pues no contaban con gas natural para la cocción de sus alimentos y también la parálisis del parque automotor que funciona con este hidrocarburo. Interminables filas de personas frente a los almacenes de electrodomésticos para ver si podían adquirir una estufita eléctrica y centenares de carros en medio de las vías que dejaron de circular por falta de gas, y lo más patético, miles de familias con sus fogoncitos de leña frente a sus casas tratando de cocinar algo para poder comer. Pues bien, esa penosa y terrible situación, con tintes de tragedia, no estamos muy lejos de padecerla todos los colombianos si el Gobierno Petro sigue, insiste y persiste con el terco y contumaz propósito de suspender los contratos para continuar explorando en busca de nuevos yacimientos de hidrocarburos. Ya la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), que es una entidad especializada del propio gobierno, dio la primera alerta temprana, si así puede llamarse. Dijo que las reservas probadas de gas, que antes alcanzaban para 8 años, ahora solo alcanzan para 7,2 años y las de petróleo que eran suficientes para cubrir la demanda en 7,6 años, ahora lo son solo para 7,5 años, es decir, que las reservas probadas de hidrocarburos en el país van en franco declive, lo cual únicamente podría detenerse si exploramos, pues solo de esa forma existe la posibilidad de nuevos hallazgos. Ante esto, la flamante ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, se sostuvo en la negativa de firmar nuevos contratos para exploración, basándose en la peregrina idea de que a través de los métodos de recobro mejorado que está ejecutando este gobierno, según ella, se puede obtener el hidrocarburo que se deja de producir por la suspensión de la exploración. A Vélez hay que recordarle que ese método se viene aplicando en el país desde hace décadas y de ninguna manera reemplazaría la producción de nuevos yacimientos, pues se trata de campos de pozos ya abandonados que mediante la aplicación de modernas técnicas pueden extraérseles pequeñas cantidades de hidrocarburos que allí quedaron.