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Opinión

Un lenguaje muy fuerte

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
27 de junio de 2026

La madre tierra es receptora de energías de los seres que la habitan. Cuando hay fuerzas desequilibrantes, solo a través del movimiento se coloca cada cosa en su lugar. Así opera también nuestro día a día.

La madre tierra es receptora de energías de los seres que la habitan. Cuando hay fuerzas desequilibrantes, solo a través del movimiento se coloca cada cosa en su lugar. Así opera también nuestro día a día. Si hay desorden movemos, quitamos, botamos, arreglamos y reconstruimos. La naturaleza y los seres humanos estamos regidos por las mismas leyes. Cuando una relación se desestabiliza produce dolor, ofensas, reproches y resentimientos, y solo organizando los sentimientos, poniendo limites, cambiando estructuras y rediseñando caminos, volvemos al centro. Es un lenguaje muy fuerte cuando la Creación nos dice: sacúdanse, muévanse, cambien. Nos es difícil mirarnos y reconocer cual es el aporte personal a tanto disparate, para eso se necesita una dosis de verdad y honestidad, inmensa. Comencemos haciéndonos preguntas: ¿Soy pacificador en cualquier lugar donde esté? ¿Reconozco mis equívocos? ¿Aporto valores, respeto por los demás, ayudo a otros a avanzar y mejorar? Si cada semilla sembrada da un buen fruto habrá una buena cosecha en beneficio de todos. Si solo crecen espinas y malezas, será necesario podar. Las guerras económicas y sociales son solo manifestación de los extravíos en los corazones de quienes gobiernan y son gobernados. Tenemos la opción de ser luz en medio de tanta oscuridad. Es una decisión personal. Decido amar u odiar, ser transparente o falso. Hablo con cariño y consideración o echo culpas y humillo a los demás. ¿Soy generoso o egoísta? ¿Deseo lo mejor, o maldigo y ofendo? ¿Construyo o destruyo? Quien actúa con mezquindad y odio, primero se daña a sí mismo. Esa actitud esclaviza el alma, es signo de debilidad espiritual. Los seres grandes de corazón perdonan y se perdonan cuando reconocen sus fallas. Piden fuerza y claridad desde su interior al Dios que los habita, para reconciliarse, para cambiar su forma de ser, de pensar, sentir y actuar. Cuándo los seres humanos despertemos y aceptemos que vinimos a aprender a través de la convivencia y del servicio, habremos dado un paso al frente en la evolución espiritual y física. John Milton, escribió algo lamentable para él y el mundo: “Más vale reinar en el Infierno, que servir en el Cielo.”…Lo siento Milton...Aquel que no sirve, que no espere ser servido.