
Un lenguaje muy fuerte

La madre tierra es receptora de energías de los seres que la habitan. Cuando hay fuerzas desequilibrantes, solo a través del movimiento se coloca cada cosa en su lugar. Así opera también nuestro día a día.
La madre tierra es receptora de energías de los seres que la habitan. Cuando hay fuerzas desequilibrantes, solo a través del movimiento se coloca cada cosa en su lugar. Así opera también nuestro día a día. Si hay desorden movemos, quitamos, botamos, arreglamos y reconstruimos. La naturaleza y los seres humanos estamos regidos por las mismas leyes. Cuando una relación se desestabiliza produce dolor, ofensas, reproches y resentimientos, y solo organizando los sentimientos, poniendo limites, cambiando estructuras y rediseñando caminos, volvemos al centro. Es un lenguaje muy fuerte cuando la Creación nos dice: sacúdanse, muévanse, cambien. Nos es difícil mirarnos y reconocer cual es el aporte personal a tanto disparate, para eso se necesita una dosis de verdad y honestidad, inmensa. Comencemos haciéndonos preguntas: ¿Soy pacificador en cualquier lugar donde esté? ¿Reconozco mis equívocos? ¿Aporto valores, respeto por los demás, ayudo a otros a avanzar y mejorar? Si cada semilla sembrada da un buen fruto habrá una buena cosecha en beneficio de todos. Si solo crecen espinas y malezas, será necesario podar. Las guerras económicas y sociales son solo manifestación de los extravíos en los corazones de quienes gobiernan y son gobernados. Tenemos la opción de ser luz en medio de tanta oscuridad. Es una decisión personal. Decido amar u odiar, ser transparente o falso. Hablo con cariño y consideración o echo culpas y humillo a los demás. ¿Soy generoso o egoísta? ¿Deseo lo mejor, o maldigo y ofendo? ¿Construyo o destruyo? Quien actúa con mezquindad y odio, primero se daña a sí mismo. Esa actitud esclaviza el alma, es signo de debilidad espiritual. Los seres grandes de corazón perdonan y se perdonan cuando reconocen sus fallas. Piden fuerza y claridad desde su interior al Dios que los habita, para reconciliarse, para cambiar su forma de ser, de pensar, sentir y actuar. Cuándo los seres humanos despertemos y aceptemos que vinimos a aprender a través de la convivencia y del servicio, habremos dado un paso al frente en la evolución espiritual y física. John Milton, escribió algo lamentable para él y el mundo: “Más vale reinar en el Infierno, que servir en el Cielo.”…Lo siento Milton...Aquel que no sirve, que no espere ser servido.