
Un jesuita de corazón

El Papa Francisco, con espíritu franciscano, impulsa una Iglesia más inclusiva y cercana al pueblo. Sus reformas buscan tender puentes y romper esquemas conservadores.
Por Samuel Morales Turizo El Papa Bergoglio es un jesuita de corazón franciscano, es el primer Papa que pertenece a la Compañía de Jesús. Desde el comienzo de su papado, Francisco ha estado tratando de hacer que la iglesia sea más benévola y menos condenatoria. Además de intentar construir puentes entre la Iglesia Católica y la comunidad LGBT+ ha impulsado reformas para la asignación de más roles a las mujeres, particularmente en cargos de altos rangos en el Vaticano. No obstante, la posición del Sumo pontífice ha puesto en una situación delicada el equilibrio entre atraer creyentes más liberales y molestar a los conservadores. Francisco a sus once años de pontificado se ha plantado en franca oposición a la mentalidad obsoleta, insistiendo con gestos y palabras que la iglesia debe “salir de la propia comodidad de atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del evangelio”, como rubricó en Evangelli gaudium (2013), su primera carta encíclica. El santo padre le apuesta por una iglesia más humana y que escuche y atienda al pueblo, no solo a los sectores poderosos. En varias ocasiones su santidad ha expresado la necesidad de una iglesia más social y se ha acercado a los principios expuestos en la llamada Teología de la Liberación. La teología de la liberación se fundamenta en el Dios de la vida, que considera al pobre como persona; asimismo en el seguimiento de Jesús liberador que se hermana con el pobre, incluidos los que cometen errores. El Papa Francisco afirma que la Iglesia Católica está abierta a todos, incluida la comunidad gay, y tienen el deber de acompañar en su camino espiritual, dentro del marco de sus reglas. Si en la era de Francisco ya no existen cardenales de estilo principesco. Pero hoy en la Iglesia Católica se encuentran cardenales “con olor a pueblo”, “olor a oveja”, dispuestos a escuchar más para aprender a caminar con la gente. El Vicario de Cristo, les reitera a los jóvenes que sean verdaderamente inconformes, no sean esclavos de los teléfonos móviles, sino que cambien el mundo como María, llevando a Jesús a los demás, construyendo comunidades fraternas, realizando sueños de paz y se conviertan en una esperanza para un mundo diferente.