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Opinión

Un café amargo

Alejandra María Ramos Hernández
Alejandra María Ramos Hernández
Columnista
28 de noviembre de 2023

La oposición se equivoca al dialogar con empresarios y Uribe, según el análisis. La estrategia de la izquierda, similar al nazismo, busca desviar la atención de los problemas gubernamentales.

Por: Ángel Torres Hernández La sentada del gobierno con los empresarios para conversar sobre el decrecimiento de la economía, así como la mesa de trabajo realizada con el presidente Uribe y el equipo legislativo de la comisión encargada del estudio de la reforma a la salud, no son más que un tiro en el pie que se hizo la oposición. Por ello, es pertinente conocer la historia con el ánimo de no repetirla y para tener presente la metodología de la propaganda política que desde hace décadas utiliza la izquierda. El hermano gemelo del socialismo, “el nazismo” como lo refería Hayek, planteaba a través de su programa propagandístico de Joseph Goebbels imponer sus pretensiones con fundamento en unos principios básicos de comunicación, que hacían una deconstrucción narrativa de las realizadas con el ánimo de fortalecerse con sus adeptos, desviando la atención sobre los problemas principales del gobierno y del gobernante. Dialogar con los adversarios políticos, como Uribe y con sus antagonistas económicos, como los empresarios, constituyen una oportunidad para individualizarlos, al primero, como la derecha opresora y a los últimos como la burguesía, a quienes la izquierda ha señalado históricamente como explotadores. Esta estrategia, permite mostrar a la sociedad una sola categoría de individuos, a quienes señalan como adversarios del gobierno y por ende enemigos del pueblo. Como referente histórico tenemos el caso del presidente Chávez en Venezuela, quien mostró a los empresarios como aliados, luego los señaló de ricos opresores en contra de la revolución; algo similar sucedió en Colombia cuando el plebiscito dijo NO al acuerdo de paz, luego dialogaron, tomaron fotos, agregaron un par de páginas y legitimaron una de las grandes violaciones al Estado de Derecho. El gobierno nacional va muy mal, en ocasiones parece más en campaña que en ejercicio del poder, la economía está decreciendo y los efectos adversos se notarán en los próximos meses por la desaceleración del sector de la construcción; la inseguridad crece exponencialmente, especialmente las masacres y el secuestro; y el descontento en la población es manifiesto. Los diálogos son pertinentes y estamos convencidos que en nuestras diferencias se suscribe el crecimiento de la nación. Sin embargo, seguirle el juego a la izquierda en su peor momento de popularidad, es lanzarles una bala de oxígeno y untarse de los errores del adversario. Sin duda, mañana se victimizarán, culparán a la oposición de este país de irracional e intransigente. Luego entonces, la sentada con la izquierda en este episodio fue aceptar la invitación a un café amargo.