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Opinión

Turismo Comunitario, una política social, económica y cultural sostenible

Elvia Marina Giraldo
Elvia Marina Giraldo
Columnista
12 de noviembre de 2024

El turismo comunitario emerge como clave para impulsar la economía colombiana, especialmente en regiones ricas en biodiversidad y cultura. Fortalecer este sector podría cerrar brechas sociales.

Por Elvia Marina Giraldo Vergara El turismo es un sector emergente de la economía Colombiana, destacándose en su biodiversidad como una de las mejores a nivel mundial, hermosos paisajes, diversidad cultural, desarrollo de vías y cobertura aérea. Oportunidades que deben ser aprovechadas por las entidades públicas y privadas. El turismo comunitario podría ser el camino para empoderar a las poblaciones, propiciando mecanismos que permita el fortalecimiento de la sociedad rural y urbana, encaminándolas a una mejor calidad de vida, contribuir al desarrollo económico de la región y cerrar brechas de desigualdad. Las industrias creativas como las artesanías también muestran cómo se conjugan tradición e innovación. Estos conocimientos se consideran fortalezas de las comunidades que se pueden convertir en ventajas competitivas en el turismo comunitario. Esta alternativa requiere del surgimiento de clúster turístico en la región, el fortalecimiento de vías terciarias, adecuada infraestructura urbana, servicios públicos y saneamiento básico en buenas condiciones. Además, el apoyo gubernamental a emprendimientos sociales. Una visión del turismo comunitario seria la siguiente: llega el turista y experimenta el entorno paisajístico de la ciudad o pueblo, disfruta de las artesanías, el sombrero vueltiao y miles de posibilidades de la caña flecha, la madera y otras materias primas, probablemente coincida con una feria o un festival tradicional, y con una agencia turística hace un recorrido por los sembrados de nuestra variada agricultura con un guía que le explique con detalles el proceso, observa además como se elabora la galleta de limón y las panochas, y degusta la que quiera con una taza de café, podría ser también la elaboración de bollos, quesos, suero, chichas, rosquitas, enyucados, entre otros. Lo primordial es que se le vaya relatando la historia de estos productos y la relación con la cultura. Camina por los cultivos de cacao, entra a una tienda o palacio de chocolate y observa la variedad de sus derivados. Da un paseo a caballo y aprecia la belleza de la ganadería y el conocimiento del ordeño, del hermoso paisaje sabanero y de los ríos Sinú y San Jorge, dependiendo su elección, luego disfruta de un tour náutico o un baño en nuestras diversas playas o ciénagas, un avistamiento de aves o quizás una expedición por los manglares. Seguramente el turista quedará encantado con el mote de queso, el asado de res, el bocachico en sus diversas presentaciones, chicharrones con patacón o yuca, guarapo o jugo de corozo, y la lista es larga. Cansado pero feliz, el visitante se hospeda en el campo en un hotel hecho con bahareque, con todas las comodidades y adaptaciones de lujo, se acuesta en una hamaca a descansar plácidamente.