
Travesía sin rumbo

Cuando vamos a un centro comercial encontramos cantidades de ofertas que responden a las necesidades, gustos y capacidad de compra de cada uno.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Cuando vamos a un centro comercial encontramos cantidades de ofertas que responden a las necesidades, gustos y capacidad de compra de cada uno. Nuestra existencia es como ese lugar comercial donde cada uno elige las formas, los modos, los caminos y las metas, en ella sucede algo parecido al mercar, nos dejamos llevar por impulsos, tomamos gratuitamente y por imitación, cosas innecesarias que terminan estorbando. Nos vamos cargando de aprendizajes distintos, muchos son de gran utilidad, otros son basura. Y lo peor no somos conscientes de ello. Como ese vestido que nos queda muy ceñido mostrando cada imperfección del cuerpo, así llevamos las máscaras que fuimos creando para ser usadas en el momento oportuno: unas que confunden, otras que agradan; acercan o alejan; apoyan o lastiman; dejan seguir o son obstáculos. Así como es la diversidad de clientes en el centro comercial, así es la diversidad de estilos y procesos en la existencia humana. Encontramos personas desde las más sencillas y amables, hasta los más soberbios e insoportables. Miradas que te animan a seguir tus sueños, o, aquellas juzgonas, escurridizas y soterradas que te advierten que no debes confiar. Olvidamos que tenemos la capacidad de decidir cómo ser, a voluntad. En potencia cada ser humano es una joya con infinidad de posibilidades para brillar. Pero, nos perdemos en nuestra propia libertad de arbitrar el juego de nuestra vida, y elegimos atajos llenos de rastrojos y espinas, que nos llevan a experimentar grandes miedos y tristezas, mismas que diseminamos y con las que contaminamos a quienes nos rodean, llegando a hacer insoportable la convivencia con los demás. Con esta carga tan pesada llegan los líderes a gobernar países y regiones, a administrar bienes comunes, a ser cabezas de hogar. Y todo eso, debe darse, probarse y escarmentarse para poder avanzar. Solo soportando en carne propia las consecuencias de nuestros pensamientos y acciones, fogueándonos con nuestras debilidades y padeciendo sus efectos, podremos algún día entender que, así como lo estamos haciendo, no es. Lo que la humanidad está padeciendo, es el resultado de esa pobreza individual que la volvimos colectiva. El planeta es rico, la naturaleza es prodiga, nos prevé en abundancia, con bienestar y orden. Quienes fallamos somos sus habitantes, altivos y soeces, mediocres y egoístas. Estilos y procesos que muchas veces llevan rumbos equivocados. ¡La paz en su verdadero sentido, parece que nos ha quedado grande!