
Transcripción

Esta vez el escrito no es mío. Entrego este espacio a XXXXXXX, de quien recibí, después de una sesión, el mensaje que transcribo a continuación. Gracias a ella por permitirme compartirlo y por asumir su proceso con tanto amor y compasión consigo misma. Los y las dejo con ella:
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Esta vez el escrito no es mío. Entrego este espacio a XXXXXXX, de quien recibí, después de una sesión, el mensaje que transcribo a continuación. Gracias a ella por permitirme compartirlo y por asumir su proceso con tanto amor y compasión consigo misma. Los y las dejo con ella: "Ayer, después de la sesión, quedé agotada. Es como si el haberme permitido decir que estaba cansada le hubiera dado licencia a mi cuerpo para sentirlo. Como estoy en un grupo de actividades de mujeres diversas y habíamos quedado en salir, me sacudí un poco la idea de descansar para sacar a mi perrita y arreglarme. Pensé: me quiero quedar en casa, pero sé que también me haría bien salir después de semejante semana. En lo que salí y regresé con la perra del parque, los trancones desarmaron el plan. Cuando revisé el chat, instantáneamente pensé en la delicia que iba a ser descansar en casa. No me sentí triste, ni sola, ni perdida. Pedimos pizza, vimos series y nos fuimos a dormir. Por ratos, mientras entraba a la casa, pizza en mano, me veía desde fuera feliz -celebrando con mi perra- el quedarme un viernes en casa descansando. Es la primera vez que no tengo miedo de quedarme sola, de ponerme vieja, de no conocer a alguien. Es la primera vez que mi soledad no me atenaza, sino que me hace feliz y me permite espacios de valor para mí. Así sucedió también el fin de semana pasado. Y no es que me quiera aislar; sino que encuentro valor en todos los momentos. Las heridas de abandono y rechazo refuerzan la fantasía romántica como solución al aislamiento y la soledad que ellas mismas producen. Cuando empezamos a actuar y a responder desde la consciencia y no desde las heridas, desaparecen la falsa espera y los miedos. Nos ponemos en presente y celebramos lo que está al frente sin saber —y sin preocuparnos— de lo que vendrá. Aunque lo que ha pasado ha sido muy duro de vivir, retador en todo sentido, y de que además tengo una "cuenta completa" que por evitación y refugio en la fantasía dejé acumular, también esta situación me ha permitido enfrentar y vencer mis miedos, tanto asociados a las heridas, como creados por ellas mismas. Una cosa muy curiosa es que dejé de desesperarme por encontrar a alguien; por supuesto lo quiero como parte de mi proyecto de vida, pero me dejó de hacer daño no tenerlo en el presente. Como escribí ayer en mis notas, algún día lo que sucedió dejará de importarme, y está bien que ese día no sea hoy, porque estoy convencida de que mi dolor tiene final, y también de que ese dolor mío ha sido un maestro que evité por demasiado tiempo. Es llamativo que con todo lo que pasó esta semana, siempre regreso a un lugar tranquilo, de consciencia, en el que encuentro paz y consuelo para mí misma, en el que encuentro felicidad. Con esa certeza ya no tengo miedo de que pasen cosas, de que la fantasía no se dé, de que las personas sean simplemente humanas a mi alrededor. Sabré poner límites y sabré consolarme y hacerme feliz. Feliz fin de semana".