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Opinión

Títeres de nada ni de nadie

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
7 de enero de 2023

**Dejar atrás la medición lineal y abrirse a nuevas posibilidades es clave. Redireccionar decisiones permite recomenzar, priorizando el bienestar integral sobre lo material.**

Por: Olga Lucía Bustamante Madrid. Nos hemos acostumbrado a medir nuestras metas y logros en un plano lineal numérico, de horarios, días, meses, años, valores nominales de cualquier cosa cuantificable.  Nos es difícil pensar que el día a día es una apertura a nuevas posibilidades. Al despertar, todas aquellas cosas inconclusas o pendientes, aquellas que no están funcionando como quisiéramos, con una simple decisión, se pueden redireccionar, permitiéndonos nuevos comienzos. Pasan a nuestro lado sucesos que no habíamos considerado, pero el temor al cambio, detiene la posible gran oportunidad que el Universo nos coloca de frente. Cada persona tiene a su cargo la gran empresa de su vida, nadie más. Y, aun así, permitimos constantemente que sean otras personas u objetivos, los que señalen el camino a seguir.  Cuando se crece y se adquiere capacidad para razonar y discernir entre lo conveniente o no, existe la posibilidad abierta ante nuestros ojos, de escoger libremente el sentido que queremos y deseamos.  Es muy lamentable la forma como patinamos ante las pequeñas decisiones que se nos presentan. Esto explica él porque, la gran mayoría de la masa humana adolece de un norte. Fácil no es, pero difícil tampoco. Es una mezcla de coherencia, discernimiento y sentimientos. Las ventajas deben responder no solo a gustos o intereses materiales, muchas veces lo conveniente se presenta en forma de nuevas circunstancias, esas que podrían cambiar el rumbo definitivo de nuestra existencia. Algunas veces para bien, cuando se sabe elegir los motivos beneficiosos, personales y colectivos, otros, inconvenientes, cuando se sopesan mal los resultados, dándole énfasis a aparentes beneficios, dejando a un lado el valor de los sentimientos. La nueva sociedad señala como prioritario los logros monetarios, aunque se sacrifiquen valores y estados subjetivos inherentes a condiciones emocionales indispensables para lograr estabilidad y tranquilidad. Desde que olvidamos priorizar el sentirnos bien, en calma, confiados y seguros, con menos dinero, pero con más amor y respeto, en ambientes simples, con menos exigencias, donde podemos ser auténticos, surgieron necesidades ficticias que opacan el Ser, dándole énfasis al tener y al hacer. En todo existe un punto medio que genera el equilibrio, y ese punto no debe perderse de vista. Somos criaturas que debemos alimentar tres facetas inherentes a la esencia que representamos: cuerpo, mente y espíritu. Solo cuando esos tres aspectos están bien atendidos y alineados, reflejaremos estados de serenidad y conformismo real, voluntario y en aceptación. Solo entonces no nos sentiremos títeres de nada ni de nadie, y podremos recomenzar.