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Opinión

¿Tendrán vocación suicida?

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
1 de abril de 2024

El debate sobre una constituyente en Colombia enfrenta obstáculos institucionales insuperables. El Congreso, sin apoyo para reformas clave, no aprobaría una ley que atente contra su propia existencia.

Por Ismael Guerra de la Ossa Hasta la saciedad se ha hablado y disertado no solo con respecto a la inconveniencia de promover en este momento un debate sobre una hipotética constituyente sino también sobre la imposibilidad de que por las vías institucionales esa iniciativa se concrete, en razón de que el Ejecutivo no cuenta en el Congreso con las mayorías suficientes para sacar avante la ley que le dé vía libre al arranque del proceso. Es que si el Gobierno Nacional no ha podido lograr que se apruebe la reforma a la salud, cuyo proyecto agoniza en el Senado por falta de apoyo, mucho menos podrá conseguir que se apruebe la norma que se requiere con el objeto de poder iniciar los pasos para buscar que se materialice una iniciativa de la magnitud de una constituyente. Al margen de otros argumentos, de mucho peso, que arguyen los contradictores de la idea, concentrémonos en uno que creemos fundamental. Nos referimos a que nos parece que el Congreso de la República no tiene vocación suicida. cosa prácticamente imposible, que tenga un buen suceso la propuesta de una constituyente, lo primero que esta haría sería revocarle el mandato a los actuales congresistas habida consideración de que no pueden coexistir dos cuerpos legislativos ejerciendo similares funciones pues llegaría el momento en que se pisarían las mangueras en materia de competencias y sería la debacle. Por eso, como la constituyente estaría por encima del Congreso, no le quedaría otra alternativa que decretar el cese de sus funciones como sucedió en Colombia en el 91, quedando los congresistas sin curules y por lo tanto sin chanfaina, es decir, viendo un chispero o "chiflando iguanas" como se dice coloquialmente. De manera que aprobar los congresistas una ley para viabilizar el arranque de un proceso constituyente, sería como hacerse el harakiri o, mejor, fabricar y afilar un cuchillo para su propia garganta. Todo para darle gusto al presidente Petro de figurar como el gestor de un embeleco que sin duda traerá más males para nuestro país comenzando con una mayor agudización y radicalización de la polarización que está llegando a límites insospechados y que podría desembocar en una guerra civil con su carga de tragedias para la población colombiana. El presidente Petro decía en campaña que con la actual Constitución podía gobernar. Entonces, ¿para qué otra Constitución?