
Tecnología para la paz: ¿conectamos territorios o transformamos oportunidades?

Diez años después de la firma del Acuerdo Final de Paz, Colombia puede mostrar avances importantes en materia de conectividad digital
Diez años después de la firma del Acuerdo Final de Paz, Colombia puede mostrar avances importantes en materia de conectividad digital. Las cifras son contundentes. El país logró que el 100 % de las 170 cabeceras municipales PDET contaran con redes de transporte de alta velocidad; el Plan Nacional de Fibra Óptica conectó 788 municipios y el Proyecto Nacional de Conectividad de Alta Velocidad llegó a 47 cabeceras y áreas no municipalizadas de regiones históricamente aisladas. Los hogares conectados también aumentaron. Según el DANE, el acceso a internet pasó de 37,5 % de los hogares en 2017 a 73,9 % en 2025. En las zonas rurales el crecimiento fue aún más significativo: de apenas 6,2 % a 56,9 % en el mismo período. A esto se suman más de 11.400 Centros Digitales instalados y cientos de zonas comunitarias de acceso a internet desplegadas en territorios priorizados para la construcción de paz. Sería injusto desconocer estos avances. Sin embargo, la pregunta relevante no es cuántas antenas se instalaron o cuántos kilómetros de fibra óptica se desplegaron. La verdadera pregunta es si esa inversión está transformando las oportunidades de las comunidades. Porque la conectividad es un medio, no un fin. Una escuela conectada no mejora automáticamente la educación. Un agricultor con señal no necesariamente accede a nuevos mercados. Una comunidad con internet no supera por sí sola décadas de exclusión. Entre la infraestructura y el desarrollo existe una distancia que solo puede cerrarse mediante educación, capacidades digitales, acceso a dispositivos, servicios públicos de calidad y fortalecimiento institucional. La evidencia muestra que muchas de las brechas persisten. Mientras algunas regiones cuentan con servicios comparables a los de las grandes ciudades, otras continúan enfrentando conexiones lentas, altos costos y limitaciones para aprovechar las herramientas digitales. En varios territorios rurales, la pregunta ya no es si existe internet, sino si realmente sirve para estudiar, trabajar, emprender o acceder a servicios de salud. Por eso organismos internacionales han comenzado a hablar de conectividad significativa. No basta con estar conectado; importa la calidad de la conexión, su costo, la disponibilidad de dispositivos y las habilidades para aprovecharla. Diez años después del Acuerdo de Paz, Colombia puede afirmar que avanzó en conectar territorios. Pero el verdadero examen apenas comienza: determinar si esa conectividad está generando productividad, inclusión y movilidad social. Porque la paz no se construye con kilómetros de fibra óptica. Se construye cuando la tecnología amplía oportunidades para quienes históricamente han tenido menos.