
Te lo mereces

Mereces bienestar, amor, salud, descanso, libertad y paz. No estás condenado al malestar. Es posible transformar tu vida, sintiéndote orgulloso y seguro de ti.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante No hay nada que hayas hecho, pensado o sentido, que te arrebate la opción de tu propio bienestar. Te mereces ser feliz, lo que no implica que no debas, de cuando en cuando, atravesar el malestar y la incomodidad. Te mereces una pareja amorosa, que te brinde un amor tranquilo y sereno, libre de condiciones. Así te cueste creerlo, puedes tener ese tipo de relación, donde puedas ser vulnerable y eso no signifique el miedo a ser destruido, sino ese lugar donde no necesites hacerte la/el fuerte o hacer todo a imagen y semejanza del otro. Te mereces estar sano. No es cierto que estés condenado a que tu cuerpo se sienta enfermo, o que tengas una imagen que no te gusta, pero frente a la cual no hay nada que puedas hacer. Cierto rango de movimiento y cambio es posible siempre y mereces habitar un cuerpo que te guste. Si, seguramente eso implica esfuerzo y renuncias, pero mereces llegar a ese momento en que te veas y te gustes, no por cumplir algún estándar social, sino porque te hace sentir bien a ti. Mereces el descanso y la quietud, mereces espacios de silencio. No es cierto que estés amarrado a ese trabajo que te desgasta y que te va a ser imposible encontrar un nuevo lugar, tampoco es cierto que si pones límites de forma adecuada, vas a salir con el rabo entre las piernas y rogando poder volver. Mereces un trabajo que te dignifique, no siempre habrá disfrute, seguramente habrá conflictos, pero eso no significa que tengas que jugar al aguante. Mereces sentirte libre y en paz contigo. Que tus opiniones sean respetadas y valoradas. Ningún error del pasado justifica que debas estar siempre en silencio y sometido a los demás. Mereces tu independencia, la autonomía de tomar tus propias decisiones sin ser tildado de egoísta, la posibilidad de elegir con quien te relacionas y con quién no. La libertad de que tu vida se parezca a lo que tu deseas, no a lo que desean los demás. Mereces mirar a los ojos a los demás, orgulloso y seguro de ti mismo. Observando con calma lo que vas sintiendo y actuando en coherencia. Mereces que la vida sea tranquila, no ideal ni libre de problemas, pero si tranquila. Porque una vida en calma no se vive en ausencia de problemas, sino desde la posibilidad de transitarla, transformando permanentemente lo que somos, desde cada una de las experiencias del día a día. Aunque algunas experiencias te hagan creer que no es así, créeme que no estas condenada (o) al malestar y el dolor. Puede que te cueste trabajo creerlo, pero mereces estar bien.