
Súper Niño 2026-2027 y cómo prepararse

Los pronósticos recientes muestran señales claras de que el Océano Pacífico se está calentando de forma acelerada y la región debe prepararse para un evento que podría extenderse entre 2026 y 2027, con impactos severos y desiguales. El Banco Interamericano de Desarrollo ha insistido en que la preparación temprana es la única herramienta capaz de reducir pérdidas humanas, económicas y ambientales. Y si eso es cierto para América Latina, lo es aún más para un departamento tan vulnerable como Sucre, especialmente en subregiones como La Mojana.
Los pronósticos recientes muestran señales claras de que el Océano Pacífico se está calentando de forma acelerada y la región debe prepararse para un evento que podría extenderse entre 2026 y 2027, con impactos severos y desiguales. El Banco Interamericano de Desarrollo ha insistido en que la preparación temprana es la única herramienta capaz de reducir pérdidas humanas, económicas y ambientales. Y si eso es cierto para América Latina, lo es aún más para un departamento tan vulnerable como Sucre, especialmente en subregiones como La Mojana. La Mojana es, por definición, un territorio de extremos: inundaciones prolongadas en temporadas húmedas y sequías intensas cuando El Niño se fortalece. Esa dualidad exige una política pública que no sea reactiva, sino anticipatoria. En donde la acción anticipada, la coordinación intersectorial y la protección de servicios esenciales deben ser el eje de cualquier estrategia seria. Sucre necesita traducir esa recomendación en decisiones concretas y urgentes. Primero, el departamento debe fortalecer sus sistemas de información y alerta temprana. La articulación con el IDEAM y el uso de plataformas deben ser obligatorio para alcaldías y Consejos Municipales de Gestión del Riesgo. Segundo, Sucre debe priorizar la seguridad hídrica. En un escenario de Niño fuerte, el agua para consumo humano debe estar por encima de cualquier otro uso. Esto implica proteger humedales, regular captaciones, reparar fugas y asegurar que los acueductos rurales tengan planes de contingencia reales. La Mojana, con su compleja red hídrica, requiere inversiones en reservorios comunitarios, microacueductos y soluciones basadas en la naturaleza que retengan agua en épocas críticas. Tercero, es urgente preparar al sector agropecuario. Las sequías prolongadas pueden destruir cosechas y pasturas. Sucre necesita programas de asistencia técnica para transición a cultivos más resistentes, sistemas de riego eficientes y seguros agroclimáticos que protejan a pequeños productores. La resiliencia productiva es la diferencia entre la estabilidad y una calamidad económica rural. La Gobernación y las Alcaldías, deben liderar una estrategia unificada. Se requiere coordinación real, presupuestos asegurados y seguimiento público para enfrentar lo que posiblemente será, el evento climático de mayor impacto en el tiempo reciente. También, será clave que el Gobierno Nacional asuma una estrategia de país frente al Super Niño, coordinando sectores, asegurando recursos y apoyando a los territorios. Sin una dirección nacional clara, los esfuerzos de departamentos como Sucre quedarán incompletos y frágiles.