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Opinión

Sucre y su identidad folclórica

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
15 de octubre de 2025

La gente sucreña ostenta una gran riqueza folclórica en todos los órdenes, Iniciando el recorrido en este campo con la celebración de las fiestas tradicionales en honor del patrón o la patrona del pueblo, centrándose las efemérides...

Por Aníbal Paternina Padilla La gente sucreña ostenta una gran riqueza folclórica en todos los órdenes, Iniciando el recorrido en este campo con la celebración de las fiestas tradicionales en honor del patrón o la patrona del pueblo, centrándose las efemérides en las corralejas que tienen historia propia y en cuyo marco, además del toro, los manteros, bandas de músicos, pitos y acordeones se exhiben las mesas de pan, dulces, frutas, carritos de helado, ruletas, carpas con asados, chicha, licores, la suerte de los periquitos, máscaras, pitos de hicotea y torcaza, pañolones rojos, venta de ron en mochila, etc. El entusiasmo de las carreras de caballo, riñas de gallo, concursos de payasos, carreras en saco, campeonatos de trompos y otros juegos costumbristas, además de tener en el contexto festivo los ritmos musicales, representativos de nuestro país en el concierto universal como el porro y la cumbia complementándose con aires cadenciosos donde sobresalen los ritmos de merengue, paseos, mapalé y fandango. Aparecen los cantos de vaquería, gritos de monte y el alegre guapirreo que se confunden con la sororidad de las orquestas, , pito atravesado, combos sabaneros y conjuntos corraleros y la típica gaita cabeza de cera. Nuestra tierra es un mundo de folclor que encabezado por el porro y la cumbia hace su tránsito permanente por el globo terráqueo despertando el interés por hacer valer lo nuestro, lo primigenio, lo autóctono lo terrígeno. Como sucreño íntegro estamos obligados a contar, propiciar y propender por la defensa de nuestras costumbres folclóricas. Hoy compartimos aquella sorpresa del inolvidable maestro y amigo abnegado profesor José Elías “Pepe Curí” cuando ve que ya no hay un concepto simplemente sensitivo del goce musical, sino una auténtica profundización intelectual en todos los subyacentes a esta bella región del espíritu como es la música folclórica nuestra y agrega emocionado: “soy porrófilo a ultranza. Prefiero el porro a otra melodía nacional o universal; entre Beethoven y Pello Torres y Salcedo - y no me lo tomen mal - yo me quedo con los dos últimos.