
Sucre: Víctima del centralismo

En sus 57 años, Sucre ha luchado por el desarrollo, pero enfrenta recortes presupuestales y desafíos. La gobernadora debe innovar ante la falta de recursos y el centralismo.
Por Luis Paternina Amaya Quienes fuimos testigos de la creación del departamento de Sucre (ley 47 de 1966), despegando administrativamente el 1 de marzo de 1967, sentimos que vientos de libertad, independencia y desarrollo soplarían sobre estas preciadas, hermosas y feraces tierras habitadas por gentes bondadosas de corazones nobles y dispuestas a buscar una identidad que reafirmara su tradición cultural en torno a los valores que nos son propios. Desde entonces hasta nuestros días (57 años), ha pasado de todo, sin ser protagonistas de un progreso que nos haya ofrecido una calidad de vida sin los apuros en que andamos por cuenta de muchas necesidades sociales por resolver. Dada la eterna falta de oportunidades (trabajo), el departamento se convirtió en el mayor empleador, haciendo de la burocracia una apetitosa fuente de ingresos, sin que la ambición que ignora el interés general, el tráfico de influencias, la incompetencia, el clientelismo y el oportunismo dejaran de entrometerse en nuestros destinos, impidiendo que el progreso que debiéramos usufructuar, lo ha sido con mejores resultados para otras áreas del país en la cual sus habitantes con evidente sentido de pertenencia por lo suyo, han levantado la voz con más decisión y sonoridad ante el centralismo egoísta, indiferente y monopolista cuando de repartir o manejar los recursos nacionales se trata. Y, si a ello, le agregamos los largos períodos de violencia engendrados, primero por una guerrilla romántica, pero agresivamente belicosa; y, después, por un paramilitarismo menos romántico, pero igualmente pendenciero y violento (fenómenos bastante estudiados), la realidad que le ha tocado en suerte a este territorio sucreño, no ha sido para cantar victoria ante las esquivas conquistas asociadas con la seguridad, gobernabilidad, soluciones sociales con los más vulnerables y con las muchas obras de infraestructura de inaplazable abordaje por parte del Estado. Todas las cinco subregiones que geográficamente lo definen, siguen afrontando los mismos problemas, unas más que otras, pero necesitadas de que su importancia para los gobernantes que todo lo disponen desde Bogotá , no solo radique en los votos que ponen cada cuatro años, sino en la explotación del potencial económico que tienen , ya en el turismo, la ganadería, la agricultura, la artesanía, o en la agroindustria y, por qué no, en el comercio nacional e internacional por la privilegiada ubicación geográfica del departamento atravesado por la carretera troncal como la vía más importante que integra al país y bañadas sus costas por el Golfo de Morrosquillo, desde donde se exportan el petróleo, cemento, ganado y próximamente aluminio. Pero, ¡Qué va! No me imagino cómo afrontará la gobernadora el desafío de cumplir su ambicioso programa de gobierno y por el que el pueblo votó, si en el presupuesto nacional para el 2025 se recortó desde Bogotá en más del 37% en relación con el que se está ejecutando en el presente año? ¿Qué va a pasar con tanta promesa de inversión en programas de reforma agraria, saneamiento básico, tecnología digital, educación, carreteables, salud, justicia y paz total? A la gobernadora de Sucre que la castigan con el más alto recorte presupuestal por iniciativa del poder central, no le quedará sino echar mano de los limitados recursos propios, de lo que el centralismo disponga darle, de la ayuda internacional y de la imaginación, audacia y algo de magia, como estamos acostumbrados en el Caribe, para que el departamento sea viable como célula administrativa independiente, pero nunca cruzarse de brazos a esperar que las ayudas lleguen. No es de su talante refugiarse en la contemplación. Claro, que si se sigue recortando el presupuesto en sucesivas vigencias, y se agregue una ausencia de intrepidez en la gestión de los gobernantes, la estadística del DANE nos seguirá castigando con el último o penúltimo lugar de los departamentos en vías de desarrollo con el riesgo de que en una nueva reforma constitucional, se nos baje a intendencia o comisaría para volver a lo que se llamó Territorios Nacionales, ya que para entonces sí seremos partes de esta patria grande que nos retornó al concepto de nacionalismo con otra perspectiva de amor por la tierra que nos ha dado de todo, pero sus hijos no hemos sido recíprocos con ella, ni quienes nos observan desde Bogotá, la han tenido en sus presupuestos reales de progreso más allá de la retórica. Sincelejo, octubre de 2024.