
SOS por la gente de la calle

La mendicidad en Sincelejo crece, poniendo en riesgo la salud pública y la tranquilidad ciudadana. Habitantes de calle, enfermos y desplazados ocupan espacios públicos, exigiendo atención urgente.
Por Édgar Arrieta Las calles, avenidas, los alrededores del Teatro Municipal, dentro y fuera del Mercado Público, Parque Santander, Plaza Cultural de Majagual, semáforos y sitios recreativos han sido tomados por desequilibrados mentales, alcohólicos, desplazados por la violencia e inmigrantes venezolanos, personas enfermas que ponen en peligro la salud pública y la tranquilidad ciudadana. La mendicidad es uno de los problemas más lamentables de cuantos laceran nuestras ciudades, particularmente Sincelejo, donde desafortunadamente seres humanos sucios, harapientos y enfermos pululan por las calles en busca de algo para subsistir. Un parque, un andén y hasta los pasillos de los centros comerciales son refugio para ellos, ante la mirada indiferente de las autoridades. Las causas de este problema profundamente humano son complejas y escabrosas: locura, soledad, hambre, drogas, con el denominador común de pobreza y marginalidad. Lo cierto es que en forma preocupante la mendicidad se incrementa en nuestra capital, creando problemas de salud pública por lo que esperamos la nueva Administración Municipal, en lo que a ella le compete haga esfuerzos ingentes para la atención humanitaria de estas personas abandonadas por sus familias y la sociedad, cuyos hogares son de cartones y plásticos donde muchos hacen sus necesidades, se asean y preparan sus escasos alimentos, donde permanecen gran parte del día, cuando su lugar debería ser un hospital o asilo, para que reciban la atención que merecen como seres humanos e hijos de Dios. En sitios como el Teatro Municipal, el Nuevo Mercado, los puestos de comida y las heladerías son los preferidos por estos seres infortunados. Los callejones abandonados son sus refugios, donde sus moradores y transeúntes acostumbrados con su presencia los auxilian diariamente con alimentos o cualquier moneda para subsistir y en pocos casos hundirse más en el abismo de la droga o el alcohol. Indudablemente el problema de la mendicidad no es exclusivo de Sincelejo, quien haya tenido la oportunidad de visitar otras ciudades ha tenido que palpar que el problema es más agudo. Estos ejemplos no deben servirnos en ningún modo de consuelo, es por ello que nuestras autoridades con el apoyo de las comunidades, la iglesia católica y las diferentes tendencias religiosas unidas busquen soluciones al creciente flagelo poniendo en práctica los postulados de Cristo, amar al prójimo, vestir al desnudo, dar de comer al hambriento y beber al sediento, demostrando sensibilidad por el dolor de nuestros semejantes.