
Somos malos lectores de la existencia

El mundo actual, agobiado por la incertidumbre, se enfrenta a una crisis existencial. La clave reside en la introspección y la conexión con la naturaleza para lograr la armonía.
Por: Olga Lucía Bustamante Madrid. Se percibe hoy un mundo abrumado, agobiado por la incertidumbre de quienes somos y para qué estamos. Ocupados en exceso, como excusa para no sucumbir; intimidados por carencias materiales, mentales y espirituales; oprimidos por múltiples pensamientos innecesarios; hastiado de excesos, vacíos y falsas promesas; aburridos o afligidos porque la impotencia vence; confundidos al no entender la razón de ser de la existencia. Esta mirada fatigada, crea una sensación de derrota dañina, que nos impide prosperar, respondiendo a una sociedad creada sobre cimientos ficticios y supersticiosos, que nos hacen sentir incapaces, incompetentes e ineficientes. Hemos errado en la lectura que le damos a la existencia. Creemos que los verbos: ‘tener’ en abundancia y ‘poder’ como elemento de fuerza, son los ejes de una vida plena. Desaprovechando así, la eficacia de ser creativos, de tener la potestad de decidir en libertad lo conveniente o inconveniente, de poseer inteligencias múltiples que nos permiten desarrollar alternativas beneficiosas, de poseer una naturaleza pródiga, dadivosa y abundante. ¿Qué más podemos desear? Utilizamos nuestras energías para competir deslealmente, para usufructuarnos sin límites, para destruir, acaparar, obstaculizar, ridiculizar a otros que también están haciendo su esfuerzo. Hemos avanzado, superado mitos, poco a poco nos vamos haciendo conscientes de nuestro papel en el planeta y en la sociedad. Tenemos el reto pendiente de descubrirnos como seres espirituales, dotados de herramientas para no sucumbir ante el plano material y mental que obnubila la conciencia. Pero vivimos tremendamente limitados por el miedo, la duda y el desconocimiento, al no poder comprobar lo incomprobable. Esperamos que ocurra un milagro para que el rumbo cambie a favor de la humanidad, y no advertimos que la vida misma es el milagro. Y que los factores que pueden potenciar una transformación, son internos, dentro de cada ser pensante. Solo mirando hacia dentro, observándonos, revisando nuestro pensar, sentir y actuar, podremos hacer las cosas bien, discernir antes de… Esta es la inversión más valiosa en favor de la especie; con ella armonizaríamos con el principio regente universal de concordancia. Parece que no nos damos cuenta de que detrás de lo que identifican los sentidos momento a momento, existen universos soberanos libres de la manipulación humana, que actúan en armonía y completa autonomía: el cosmos, las funciones autónomas de la naturaleza, del cuerpo y del mundo espiritual. La mente, como puente entre esas fuerzas, actúa en forma limitada y egoísta, desequilibrando la armonía natural. Bien, dijo Jean Jacques Rousseau, Filósofo francés “Quitad de los corazones el amor por lo bello, y habréis quitado todo el encanto a la vida.”