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Opinión

Sobre la evitación experiencial

Adria Rosa Medina
Adria Rosa Medina
Columnista
21 de julio de 2026

Clasificar las emociones entre buenas y malas, nos ha llevado en muchas ocasiones a considerar que la tristeza, la rabia y el miedo, son emociones de las cuales toca huir. Sentimos como una gran amenaza cualquier situación que pueda llevarnos a experimentar dichas emociones, nos aterra la idea de abandonar nuestro estado de bienestar y entrar en contacto con la incomodidad de un momento de tristeza o de temor.

Clasificar las emociones entre buenas y malas, nos ha llevado en muchas ocasiones a considerar que la tristeza, la rabia y el miedo, son emociones de las cuales toca huir. Sentimos como una gran amenaza cualquier situación que pueda llevarnos a experimentar dichas emociones, nos aterra la idea de abandonar nuestro estado de bienestar y entrar en contacto con la incomodidad de un momento de tristeza o de temor. Es así como nos vamos volviendo expertos en evitar toda experiencia que conlleve consigo una descarga emocional, evitamos los vínculos cercanos, las conversaciones profundas, la confrontación que antecede a la ira entre otras situaciones que anticipamos como difíciles. Así las cosas, nos mantenemos aparentemente estables, caminamos intactos, ilesos, todo parece estar bien porque nada nos destierra del estado de normalidad, salvo que con esa tranquilidad aparente también se hace imposible experimentar vivencias que nos lleven a crecer, como la posibilidad de amar, ya que si bien es cierto en el amor hay incertidumbre, también hay regocijo, en la tristeza hay desamparo, pero también hay respuestas que nos llevan a conocernos de formas más profundas. Al renunciar al dolor se renuncia también a los aspectos enriquecedores de toda experiencia. Pero muchas veces elegimos el camino de la renuncia, de la huida, de la evitación, caminamos al margen de todo incluso de los propios pensamientos, nos distraemos, nos divertimos, lo cual es fácil en tiempos de total entretenimiento y de esta forma la vida se convierte en una experiencia superficial en la cual todo lo que está bien, es solo en apariencia. Vivir y sentir las emociones es la base del autoconocimiento profundo y también la forma de vivir la toma de decisiones desde la conciencia y no vivir al margen por el miedo a sentir, es por ello que es importante, observar los estados emocionales sin juzgarlos, aceptándolos todos como parte importante del vivir ya que a mayor resistencia a sentir mucho más desagradable se vuelve la experiencia. Es importante asumir la aceptación y el compromiso con nuestro ser y con nuestro sentir como parte del mismo.