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Opinión

Sincelejo en la historia

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
7 de agosto de 2024

Sincelejo, a finales del siglo XIX, era un poblado con calles limitadas y una plaza principal. Residencias como la de Blas Vergara y el caserón de Alejandro Martínez delineaban la vida social.

Por Aníbal Paternina Padilla En las postrimerías del siglo XIX y albores del XX Sincelejo era un pequeño poblado, cuyas calles llegaban a muy pocas cuadras a partir de la plaza principal que estaba circundada por 16 casas de palma y dos con techo de zinc, estas dos últimas de propiedad de los señores Blas Vergara y Ramón D’Luyz; una de las casas, diagonal a la iglesia entrando por la calle Real, hoy edificio de dos plantas habitada por Salvador Urzola y su esposa Librada Mercado. Seguía un solar que sirvió como basurero público. Donde está el edificio Arturo Cumplido frente al Parque Santander hacia Chacurí, estaba el viejo caserón de Alejandro Martínez y su esposa Victoria Feria.   Vecino vivía Vitaliano Urzola, quién sirvió a los sincelejanos en el campo de la medicina. En la entrada de la calle El Bolsillo en su casa de dos pisos vivió el sincelejano Toto Vergara. La calle Chacurí llegaba como hoy hasta la Cruz de Mayo, y por su costado derecho dio origen a la calle de Los Perros, que como en la mayoría de las pocas vías se formaban en invierno grandes barrizales. Gran parte de Chacurí y los perros eran fincas y huertas pequeñas desde la de la señora Dominga Sierra, donde posteriormente estuvo la residencia de Eustorgio Alcocer Navas, ex alcalde de la ciudad. Del otro costado de la plaza partían Las calles largas y con mayor número de habitantes como la llamada “Calle de la Alcaldía” (hoy Castañeda), además de las calles Real, Comercio y Nariño. Antiguamente donde hoy comienza la Calle Francisco H. Porras, estaba lo que se conocía como el zanjón y cerca de este quedó una especie un espacio donde se construyó una casa de palma que sirvió para el colegio dirigido por las hermanas Dominga y Lapaz Ruiz, educadoras de muchas generaciones de sincelejanos. Para rellenar el hueco o zanjón se necesitaron muchos meses. La antigua Plaza de Sincelejo era mucho más extensa que hoy. Abarcaba la plaza Olaya Herrera y el Parque Santander, pero fue dividida para dar paso a la construcción de la iglesia de San Francisco de Asís, de la cual fue el señor Miguel Arrazola, quien elaboró los planos, dirigió los trabajos y obsequió gran parte de los materiales.  Ya dividida la plaza se tomó la parte más extensa para las corralejas del 20 de Enero.