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Opinión

Sincelejo del pasado

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
10 de junio de 2026

En las postrimerías del siglo IXX y albores del XX al viejo poblado de Sincelejo se le denominaba “Corralito de Matarratón” por el parecido de la antigua plaza central con dicho calificativo. El viejo Sincelejo tenía características y comportamiento rural, encerrado por huertas pajareras donde pastaban vacunos y burros toda cercada con alambre de púas y apuntalada con el muy popular árbol de matarratón, quizá en contraposición al “Corralito de Piedra” (Cartagena).

En las postrimerías del siglo IXX y albores del XX al viejo poblado de Sincelejo se le denominaba “Corralito de Matarratón” por el parecido de la antigua plaza central con dicho calificativo. El viejo Sincelejo tenía características y comportamiento rural, encerrado por huertas pajareras donde pastaban vacunos y burros toda cercada con alambre de púas y apuntalada con el muy popular árbol de matarratón, quizá en contraposición al “Corralito de Piedra” (Cartagena). El Sincelejo de aquellos años estaba poblado por casas de palma y bahareque en calles polvorientas. De la misma manera la histórica iglesia de San Francisco se encontraba cubierta de trinitarias y margaritas multicolores. Eran sitios obligados de encuentro de todos los parroquianos desde luego conocidos entre sí. El pueblo se surtía de agua de los pozos de Majagual, El Viche, La Pajuela, Salitral, Carrascal y Petaca, todos a cielo abierto. El predominio del clima era entre 20 y 24 grados centígrados sin que se afectara por factores contaminantes, pues existían muy pocos automotores. Existía el Banco Nacional de Sabana, fundado por don Arturo García, que luego desapareció con la crisis económica de los años 30. A propósito del clima, nuestros padres y abuelos predecían el comportamiento con el almanaque Bristol y por algunas señales naturales como el viento o los nubarrones del Cerro de Corcovado y la Loma del Tigre. También se guiaban por la luna nueva, porque para esa época no existía la vía satelital ni los Max Enríquez. El aguacero y huracán de San Bartolo en agosto marcaban fechas para iniciar las siembras. Las corralejas de enero eran todo un espectáculo y se contaba con los amables y capacitados médicos de familia como los doctores Carrón, Milanés y Espitaleta que curaban de todo sin cobrar un centavo. No se soñaba con EPS ni IPS. Tampoco estaban las Acuabol, Insfopal, ni los Empas, que vinieron a hacer estructuradas administrativamente al servicio de los que sabemos para expoliar la economía del departamento y su capital y parte del presupuesto nacional con el manido cuento del buen servicio de agua para Sincelejo.