
Sincelejo del pasado

En las postrimerías del siglo XIX y albores del XX al viejo poblado sincelejano se le denominaba “Corralito de matarratón” por el parecido de la antigua Plaza Central con dicho calificativo.
Por Aníbal Paternina Padilla En las postrimerías del siglo XIX y albores del XX al viejo poblado sincelejano se le denominaba “Corralito de matarratón” por el parecido de la antigua Plaza Central con dicho calificativo. El viejo Sincelejo tenía características y comportamiento rural, encerrado por huertas pajareras, donde pastaban vacunos y burros todas cercada con alambre de Púas y apuntalada con el muy popular árbol de matarratón, quizá en contraposición al “Corralito de Piedra” (Cartagena). El Sincelejo de aquellos años estaba poblado por casas de palma y bareque en calle polvorientas. De la misma manera la histórica iglesia de San Francisco se encontraba cubierta de trinitarias y margaritas multicolores. Eran sitios obligados de encuentros de todos los parroquianos, desde luego, conocidos entre sí. El pueblo se surtía de agua de los pozos de Majagual, El Viche, la Pajuela, Salitral, Carrascal y Petaca, todos a cielo abierto. El predominio del clima era entre 20 y 24 grados centígrados sin que se afectara por factores contaminantes, pues existían muy pocos automotores. Existía el Banco Nacional de Sabana, fundado por don Arturo García, que luego desapareció con la crisis económica de los años 30. A propósito del clima, nuestros padres y abuelos predecían el comportamiento con el almanaque Bristol y por algunas señales naturales como el viento o los nubarrones del Cerro del Corcovado y la Loma del tigre. También se guiaban por la luna nueva porque para esa época no existía la vía satelital, ni los Max Enríquez. El aguacero y huracán de San Bartolo en agosto marcaban fechas para iniciar las siembras. Las corralejas de enero eran todo un espectáculo y se contaba con los amables y capacitados médicos de familia como los doctores Carrón, Milanés y Espitaleta, que curaban de todo sin cobrar un centavo. No se soñaba con EPS, IPS, ni ARS, que administraran el sistema subsidiado o Sisbén, tampoco estaba los Acuabol, Insfopal, ni las Empas que vinieron a ser estructuradas administrativamente al servicio de los que sabemos para expoliar la economía del departamento y su capital, y parte del presupuesto nacional con el manido cuento del “buen servicio de agua para Sincelejo”