
Sin razones para el optimismo

El 2025 en Colombia se vislumbra sombrío: crisis económica por políticas gubernamentales, problemas sociales y fracaso en la "paz total" de Petro. La inseguridad y la extorsión aumentan.
Por Ismael Guerra de la Ossa Despunta un nuevo año y surge un mar de expectativas sobre lo que ha de venir en estos 12 meses de 2025. En lo nacional se hace propicio elucubrar con respecto al devenir económico, social y político de Colombia. Sobre lo primero, no es halagador el panorama que puede visualizarse si el Gobierno Petro insiste en vapulear al sector productivo de la Nación, llámese empresariado, al cual le ha hecho intolerable la carga tributaria que se le ha impuesto, ocasionando su debilitamiento y en consecuencia dificultando su capacidad de tributación y por lo mismo su contribución en el recaudo. En el orden social, el futuro se avizora aún más precario pues, precisamente, por el bajonazo en el recaudo a causa del golpe al empresariado, los recursos para financiar programas de esta índole se verán cada vez más escasos y reducidos, lo que hace que en materia social las cosas se insinúen más complicadas y sombrías para este año. Y en lo político, sí que el futuro no puede presagiarse con el optimismo que quisiéramos. Casos y cosas sucedieron en esta materia durante los más de dos años del actual Gobierno, que inducen a pensar que de seguir como vamos durante este 2025, el país seguirá “despiporrándose” por no decir que descuadernándose aún más en casi todos los órdenes del acontecer nacional. La paz total del presidente Petro ha resultado un fiasco total. Los resultados de esa política gubernamental no pueden ser más decepcionantes y si se persiste en ella, seguramente serán peores. Ese experimento, puesto en marcha a la topa tolondra, resultó muy bueno, pero para los peores terroristas y criminales del país, que se han visto favorecidos generosamente por ese embeleco lo que se tradujo en su fortalecimiento en armas y cobertura territorial, lo que los ha llevado a burlarse a carcajadas y lo seguirán haciendo así, no solo del Gobierno Petro sino de Colombia en general. A raíz de esto, la inseguridad campea, las masacres cada vez aumentan más, el asesinato de líderes sociales se incrementa, la extorsión y el boleteo no cesan y mientras tanto desde el alto gobierno no se hace otra cosa que recurrir al palabrerío insulso y a la literatura populista y barata. No hay razones entonces para el optimismo en este 2025 si seguimos como vamos.