Siguiendo la huella
Ramiro Fernandez Badel, un visionario cuyo legado perdura. A 26 años de su fallecimiento, su influencia en la Costa Caribe colombiana sigue vigente, marcando un camino por explorar.
Por: Luis Manuel Espinosa Espinosa. Hay personas que vienen al mundo cada cierto tiempo para dejar su huella. Algunos los llaman genios, individualidades singulares o talentosas. En todo caso, su paso por la vida, incide en los demás, marcan su impronta y se les sigue y acata por siempre. Ramiro Fernandez Badel, fue uno de esos personajes a quien el mundo acogió y atendió, porque vino a cumplir una misión, que solo alguien como él era capaz de ejecutar. No solo se requiere de una clara inteligencia y preparación para hacerlo, sino del suficiente desprendimiento para acometer, así como para perseverar en la acción a culminar. No importa, en este caso, el tiempo del que se disponga, sino de la energía que se destine para el cumplimiento de ese sueño trasnochador. Conseguido lo cual, se apaga de inmediato ese ser, cuál si se acabara el combustible que encendía la mecha que iluminaba el rededor. Cuando Ramiro apareció en el mundo, estudiaba en Medellín. Allí se casó con Alicia Álvarez, su compañera de toda la vida, con quien compartió vicisitudes. Había nacido en Corozal, donde recibió el impulso que lo catapultaría a la capital antioqueña para alcanzar su formación académica y forjarse para la vida. En los albores del Departamento de Sucre, irrumpió con sus ideas, pero todavía las gentes de entonces no estaban en capacidad de comprender aquel cúmulo de sueños y propuestas, para tener que establecerse en otro lugar. Pero como el propósito giraba en torno de la llamada Costa Caribe, nada más indicado que situarse en Barranquilla, la ciudad animadora por excelencia del desarrollo regional. Allí se vinculó a la universidad, desde la que irradió su intelectualidad y la que le sirvió de medio, para trasmitir sus inquietudes y alumbrar el camino a los demás. Este año, se cumplen veintiséis años de su fallecimiento y todavía el camino andado y seguido tras la huella de Fernandez Badel, apenas está trillado. Hay que desbrozar un poco más la senda que él señaló, porque quizás en esos momentos, no se alcanzó a comprender cabalmente el punto cúspide hacia donde él indicaba. Al adentrarse en el bosque no se observó el árbol. Aún, cuando son muchas las personas que han aportado en la conducción de la sociedad caribe colombiana, señalando un derrotero, ninguna, sin embargo, columbró el horizonte esperado hacia donde dirigirse. Y de pronto, en este aspecto aparentemente insignificante, radica lo trascendental del pensamiento visionario de este hombre incomprendido. Siempre repetía insistentemente, cuando se está frente al mar, se ve más nítido el futuro. Pero de pronto explicar esto no era tan fácil como se creía y era menester el uso de otra metáfora.