
Sigue la corrupción

Prometeo, al robar el fuego, entregó a los hombres un regalo que evoca la corrupción en Colombia. La impunidad reina, con pocas condenas y una sociedad cómplice.
Por Remberto Burgos de la E La historia de Prometeo es dogmática: invadió el taller de Hefesto y Atenea en el monte Olimpo y robó el fuego escondiéndolo en una caña hueca. Dio el valioso regalo a los hombres para ayudarlo en su lucha por la vida. El fuego era considerado un elemento sagrado y un don reservado solo para los habitantes del olimpo. Intento engañar a Zeus y le ofreció lo mejores huesos y la manteca. Zeus lo desterró y castigo haciendo que un águila todos los días comiera el hígado de Prometeo. Durante el día el hígado se regeneraba y en la noche el águila lo devoraba. Hizo Prometeo una caja que no debía abrirse y cuando lo hicieron salieron todos los males que podían perjudicar a los seres humanos. Les entrego esa caja rectangular donde contenía varios tratados: avaricia, poder, soberbia, orgullo y quizá el más anhelado: corrupción. Este, fecundo, dio varios frutos: Odebrecht, Reficar y todos estos carteles que nos avergüenzan:” hemofilia”,” pensiones”, “SaludCoop” y por donde han desfilado un numero lamentable de lideres nacionales y dirigentes gremiales. Ungrd, alumbramiento reciente. Algunos de ellos fueron aplaudidos y la conciencia colectiva cómplice de sus escándalos. Para mencionar el último en donde el presidente del Senado y de la Cámara -aún no han renunciado- y ocupan, mirando al piso, el cargo donde fueron elegidos. No es aceptable que esto sea solo local cuando Colombia -según transparencia internacional- es de los países más aventajados. Como sociedad somos débiles y no nos manifestamos ante este delito. Incluso, muchas veces participamos en los homenajes que se hacen a estos personajes. En los 13 últimos años cerca de 60 mil denuncias,94% no tienen condenas,83% sin capturas y el 77% en indagación. La corteza prefrontal y su cognición social son individuales y cada una de ellas tiene sus valores: no es un problema colectivo. Trasciende su influencia: nuestros hijos muchas veces transitan en los carros del vecino adquiridos producto del dinero sucio del ilícito. Hay un océano de impunidad en Colombia: no se castiga ni se sanciona a los responsables de los delitos. Estamos en el puesto 91 entre 180 países y esto nos califica como un estado corrupto. Somos un estado débil y cobarde, vemos pasear abultados a quienes el día anterior cometieron el ilícito. ¿Y la cárcel? Diptongo: matrimonio entre ética y política: indisoluble