
Sexo, no género

El lenguaje se manipula para cambiar la percepción de la realidad, distorsionando conceptos como "género" y "sexo". Esta manipulación busca imponer ideologías, alterando la comprensión de la naturaleza humana.
Por Selma Samur de Heenan En los últimos años, hemos visto cómo el lenguaje ha sido manipulado para acomodar ideologías que buscan cambiar la percepción de la realidad. Un ejemplo claro es el uso indebido de la palabra "género" para referirse al "sexo". Y es que mientras que el sexo es una realidad biológica inmutable —varón o mujer—, el género es un concepto lingüístico que, hasta hace pocas décadas, solo se usaba para clasificar palabras en masculino y femenino. La confusión no solo es semántica, sino que ha sido aprovechada para sembrar ideologías que distorsionan la verdad sobre la naturaleza humana. Por siglos, la palabra género solo se aplicó a los sustantivos en los idiomas que tienen diferenciación gramatical. Decimos "la mesa" y "el sillón", porque en español las palabras tienen género gramatical, pero una mesa no es femenina, ni un sillón es masculino. Sin embargo, en los últimos tiempos, la palabra género ha sido utilizada erróneamente para sustituir la palabra sexo, desplazando la verdad biológica por una construcción artificial basada en la percepción individual. Este cambio en el lenguaje no es inofensivo. Quien controla las palabras, controla el pensamiento. No se trata solo de que nos acostumbremos a hablar de “identidades de género”, sino de cambiar la manera en que entendemos la realidad. Si la palabra sexo desaparece, entonces hombre y mujer dejan de ser categorías biológicas para convertirse en simples etiquetas que cada quien puede cambiar a voluntad. Y si el lenguaje puede redefinir la realidad de esta manera, entonces también puede imponerse legalmente, llevando a la censura de quienes no acepten esta construcción artificial. Existe una obsesión por deconstruir el lenguaje, eliminando términos como “padre” "madre" o "mujer" remplazándolos por expresiones neutras o forzadas. Se nos quiere convencer de que esto es inclusión, cuando en realidad es una manipulación para borrar la verdad. El lenguaje es la primera batalla de todas las revoluciones ideológicas, porque si logran cambiar las palabras, cambian el pensamiento. Decir sexo en lugar de género es recordar que la biología no se elige ni se puede borrar con decretos. No podemos aceptar que la percepción individual de alguien se convierta en una norma que todos deben seguir, ni que se nos obligue a afirmar como verdad lo que sabemos que no lo es. “Varón y hembra lo creó” Génesis 1,27