
Ser esperanza en un mundo sin esperanza

La verdadera causa de la desesperanza humana reside en la desconexión espiritual. Reconocer nuestra esencia divina y propósito vital es clave para un mundo lleno de esperanza.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Podría decir que la causa de todas las desgracias humanas son los malos gobiernos, el cambio climático, la inteligencia artificial, etc… ¡No! Esas son secuelas. La palabra esperanza viene del latín ‘sperare’ que significa ‘esperar’; ‘anza’ indica ‘acción o resultado’. La palabra mundo, en esta frase, no se limita al planeta como tal. El mundo de cada uno, es individual, y está movido por una fuerza interior que nos nutre, en la que esperamos y de la que dependemos. Esa fuerza nos mueve, nos permite pensar, sentir, hablar, decidir y actuar, es decir, nos da vida. Es la energía Divina del Creador, que nos habita. Pero, cuando la humanidad solo ‘espera’ sin entender, sin aceptar, sin actuar, sin aportar, solo vegeta. ‘Ese es: un mundo sin esperanza’. Porque no reconoce su valor y potencial. La humanidad se percibe sola, incapaz, desvalida y vacía. Entonces… ¿Cómo ser esperanza? Despertando a una verdad que nos cuesta entender. Comenzando a verme, y a ver a los demás, como la obra sagrada de la creación. Saber que existe un propósito, más allá de lo físico y material. Que somos más que piel, que posesiones y aprendizajes. Es hacer conciencia de nuestra naturaleza espiritual. Poseedores de una esencia perfecta, en una envoltura perfecta limitada por el pensamiento imperfecto. Es comenzar a considerar que el paso por el mundo material tiene un propósito, más allá de lo económico y social. Más allá de las apariencias. “Los hombres despiertos tienen más de un mundo. Pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo. “William Hazlitt Mientras, seguiremos actuando guiados por falsas premisas y engaños. Por prioridades superficiales. Seguiremos creyendo que unos son más que otros. Que lo vital es tener, no ser. Que el creador nos puso aquí para sufrir y se olvidó de nosotros. Que no hay vida después de la vida, ni consecuencia por nuestras acciones malintencionadas. La ayuda espiritual está, y nos escucha. El día a día está cargado de milagros que no vemos. Dios es cercano, presente en el corazón de cada criatura viva creada. Dijo el apóstol Pablo “¿No sabes que sois templos de Dios y que su espíritu moro en nosotros?” Mientras exista la ceguera y la sordera espiritual, seguiremos siendo artífices de ese mundo sin esperanza, cargado de oscuridad ignorancia y corrupción. “No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”: Pierre Teilhard de Chardin.