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Opinión

Sendas del ser humano

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
5 de abril de 2023

Desde inicios del siglo XX, Sincelejo ha sido hogar de personajes singulares, recordados por sus gestos y apodos. Algunos, incluso, inspiraron versos y monumentos.

Por: Aníbal Paternina Padilla Desde comienzos del siglo XX, Sincelejo ha albergado en su seno a orates o personajes andariegos, unos nativos, otros, foráneos; algunos aparentemente ofensivos, otros sonrientes, recorriendo las calles del pueblo. Fuera lo uno o lo otro, calaron en el corazón de la gente buena de Sincelejo que le habría y le siguen abriendo las puertas de sus casas para dar un pedazo de pan a estos personajes, que de alguna manera deleitaban a los habitantes de esta tierra, con sus ademanes, gestos y actitudes cantinflescas. Algunos se conocieron por sus nombres de pila, otros, llamados por sus apodos.  De muchos de ellos mencionamos a la Pata de Trinche, al Mono Márquez, Loco Peluca, Mingo Pata del Loro, Dámaso, Máxima Picante, Cristinita, Chicote, Niño Flojo, La Guacamaya, La Martillo, Cóbala Chevo, Garruflo, Mañungo, Montañito, Máquina Vieja, etc.  A muchos no se les ha determinado en vida, a otros, como a cualquier prócer de la patria, se le construyó un monumento frente al histórico pozo de Majagual, Como en el caso de Francisco Manuel Contreras Bustamante (a.) Pío.  Era un personaje andariego de Sincelejo que caminaba al menos 7 kilómetros diarios saludando a todo el que se encontraba a su paso, degustando siempre su tabaco chochoano. Murió en el 2000 a la edad de 81 años. Pero para esos personajes populares no faltó el verso de nuestro famoso lírica Pompeyo Molina: “Pueblo mío lejano que proyectas tu sombra en mi memoria/, con las siluetas de peluca y Dámaso/. Domingos liberales de Macedonio Herrera/ con el rojo pañuelo atado al cuello, recorriendo en el burro taciturno/ que cargó la panela en la plaza principal”. Y no nos falta a los seres humanos la edad senil, la vejez para exponernos al irrespeto y a la burla sin hacerle daño a nadie. A diario oímos decir a los muchachos de distintas edades, “ese viejo o esa vieja, o ese limosnero” en tono despectivo o de insulto. Cuán errados andan esas gentes al creer que la senectud es sinónimo de insignificancia o de bajeza; al contrario, para llegar a la edad senil, se necesitan cualidades físicas, espirituales y morales, las cuales en conjunto, tienen la virtud de prolongar el tiempo sobre el hombre a cifras sorprendentes. Porque jamás llegan a avanzada edad los crápulas, tahúres, alcohólicos y delincuentes a castigar el cuerpo, resquebrajar la conciencia y mancillar el alma con acciones proscritas por las leyes civiles, morales y divinas.