
Semana Santa I

En Semana Santa, la Iglesia invoca la paz mundial. La tradición de "Las Cuarenta Horas", nacida en Italia, busca la oración ferviente y la conexión con la Eucaristía.
Por Aníbal Paternina Padilla Estamos en el transcurrir de la semana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, tema central para estos días con la invocación por la paz por parte de la Iglesia y todas las familias del mundo. Y lo decimos a juzgar por las homilías que escuchamos desde el Domingo de Ramos. Precisamente algunos jerarcas católicos invocaron la reconocida obra de Las Cuarentas Horas, oración cuyo origen se debe al padre José, celebre predicador que la instituyo en Milán (Italia) en 1534. Durante la histórica guerra entre Carlos V y Francisco I, Rey de Francia, la ciudad de Milán y sus alrededores tenían mucho que sufrir por cuanto casi a diario ocurrían pillajes y pavorosos incendios que sembraban el pánico y la desesperación en toda aquella comarca, la oración de Las Cuarenta Horas significa el tiempo de suplicas más insistentes y de glorificación más solemne pasadas al pie del Santísimo Sacramento. Recuerda los 40 días que paso Jesús en el desierto antes de empezar su vida pública. Las 40 horas que estuvo en el sepulcro y los 40 días que permaneció en la tierra después de su triunfo sobre la muerte en el misterio de su resurrección. Es esta una de las formas de devoción a la eucaristía más conmovedora y a la vez una de las más recomendadas por la iglesia, la solemnidad de Las Cuarenta Horas llevo numerosos fieles al pie de los altares y dóciles a la voz del padre José dirigen al cielo fervientes oraciones para que se dignase poner término a aquel terrible azote que los diezmaba. Y no fueron vanas aquellas suplicas en los días de la Semana Santa ya que de inmediato se firmó un tratado de paz entre ambas potencias beligerantes. Gracias al anterior resultado, Las Cuarenta Horas fueron difundidas por el resto de Italia para seguir pidiendo a Dios por la liberación de la plaga de la guerra y demás calamidades que la acompañan. Esta obra traída a colación para esta Semana Mayor es una especie de protesta contra ese grave error del olvido hacia Dios para quien reafirmamos nuestro amor y obediencia en nombre de nuestras familias y la sociedad en general que competimos en hermandad estos días santos y de reflexión.