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Opinión

Sanación Interior

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
1 de septiembre de 2024

La crianza es la tarea más crucial, pero a menudo carecemos de preparación. Sanar heridas emocionales es vital para romper patrones y hallar paz interior.

Por: Selma Samur de Heenan La tarea más importante de todas las que debemos emprender durante nuestra vida, y para la que menos se nos ofrece preparación, es la de ser padres. Indudablemente, se trata de un asunto muy delicado que la mayoría de las personas necesitamos afrontar, porque los hijos antes de ser nuestros, son hijos de Dios y es a Él, a quien en primera instancia tendremos que dar cuentas del trabajo que realicemos con ellos. Desde el momento de la concepción nos corresponde asumir integralmente la formación de una persona individual, dotada de alma, espíritu, cuerpo y voluntad propia que, por tener la dignidad de hijo de Dios, requiere de nuestra asistencia para aprender a comportarse como tal. Lamentablemente, lo común es la crianza de forma experimental desde lo carnal y material, transmitiendo los mismos vacíos que a su vez se recibieron, uniendo los eslabones que constituyen cadenas intergeneracionales interminables. Lo normal es que tengamos heridas espirituales que necesitan sanar pero muchas no se conocen porque se remontan a instantes indefinidos o lejanos, como puede ser algún sutil rechazo, la falta de esas demostraciones de amor que dan tanta seguridad al inicio de nuestra vida, o por sucesos en el entorno, que se perciben independientemente a lo pequeño que seamos. De manera particular es importante la relación con los padres y entre ellos mismos. Esto es lo que mayor incidencia tiene en los menores de edad, hasta el punto de que en el corazón del adulto, queda atrapado aquel niño herido, con tristezas, dolores y traumas que condicionan su vida, incluso hasta repetir en su propia descendencia los mismos patrones de conducta que le hirieron. El médico por excelencia es Jesús. Él cura todas esas dolencias permitiéndonos recordar las circunstancias en las que se originaron para pedirle que nos acompañe al pasado, y así sanar esos recuerdos inconscientes. Jesús, como Señor del tiempo, es capaz de hacer lo que nosotros no podemos. Él puede hacer cicatrizar ese ayer que todavía nos hace sufrir y nos ha condicionado el carácter e impreso algunos pecados o defectos. Curar el corazón herido es necesario. Nos trae paz, estabilidad emocional y alegría, pero muy pocos lo entienden como indispensable y desechan la posibilidad de orar y pedir a Dios este milagro de amor, llamado sanación interior.