
Sadismo sin límites

La violación sexual en guerras es una cruel arma, con graves consecuencias psicológicas, especialmente para mujeres y niñas. Su uso es un reflejo de poder y odio.
Por Samuel Morales Turizo Hoy por hoy, la peor plaga, la más dañina, la más difícil de combatir por su ausencia de escrúpulos y por su crueldad sin límites: son los conflictos o las guerras que afectan a cualquier país de la tierra, especialmente a la población civil, llevando la peor parte las niñas, adolescentes y mujeres. El abuso en los conflictos armados desgasta y empobrecen a los pueblos. Continuamente los altos mandos militares de cualquier país que se encuentran en guerras y analistas en conflictos señalan la violación sexual como un caso que no se puede evitar en la guerra. Pero lo primordial es no usar la fuerza. No importa que hayas acordado previamente practicar el sexo: la fuerza no es disculpable ni divertida. En muchas ocasiones estas violaciones tienen un fin político o étnico o porque no pertenecen a sus afectos, sino al bando contrario, es decir llevando a cabo estos actos por represalia. Tanto los militares como grupos subversivos y paramilitares, lo hacen por el deseo, la atracción, la sensación de sentirse hombre o por una conducta paranoica. En otros conflictos la violación está ausente. Como la guerra israelí- palestina, son muy escasas las violaciones sexuales, a pesar de los abusos a los derechos humanos cometidos por las partes del conflicto. En un país de Centroamérica, propiamente en el Salvador, por ejemplo, las fuerzas militares y policivas del gobierno realizaron violaciones al inicio de la guerra civil en la masacre del Mozote en 1981- y hechos de tortura sexual durante los años que duró la guerra. En Vietnam, los miembros de la compañía Charlie del Ejército estadounidense violaron aproximadamente a 20 mujeres y niñas durante la masacre de My Lai. Yo pienso que las personas que participan en estos conflictos el sexo les proporciona placer, pero en ocasiones una considerable frustración. Pero desde tiempos antes de Cristo ocurrió lo contrario. Cuando el faraón Meneptah derrotó a los libios, en 1208 se llevó como recuerdo de su victoria los penes cercenados de 13.000 de sus enemigos. La violación sexual en las guerras o conflictos, además del terrible hecho físico que supone la agresión sexual, provoca durante un largo periodo graves problemas psíquicos de difícil solución.