
Respirar

Un ejecutivo exitoso revela su lucha contra el estrés laboral y la dependencia del cigarrillo. Descubre cómo la respiración consciente se convirtió en su solución para el bienestar.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Me di cuenta de que no necesitaba fumar, solo necesitaba respirar… Déjame te explico, porque sé que suena raro. Tengo un trabajo tensionante. Entre reunión y reunión, informes, traslados, auditorias, a duras penas me queda espacio para mal comer. Tengo bastante presión sobre mí, de la calidad de mi trabajo dependen muchas personas, y no me refiero a mi familia solamente _que también_ sino a los empleados, porque su trabajo depende de que yo siga abriendo las puertas de la empresa a nuevos clientes y que los que están sigan interesados en trabajar con nosotros. Soy la cara visible de la empresa y también los hombros sobre los que recaen muchas expectativas. Siento la obligación de ser y parecer fuerte todo el tiempo. Es que solo imagínate que la cabeza de la empresa diga que se siente triste, ansioso o deprimido. Que en el intermedio entre una reunión y otra lo vean a lo lejos haciendo ejercicios de respiración y atención plena… es como decirles que a la cabeza de la empresa se le están desajustando algunos tornillos y que más o menos se está volviendo hippie. Sería el inicio de la desconfianza en mis capacidades de liderar ese grupo. Ya vas entendiendo por dónde va la cosa ¿No?. Me di cuenta de que esos _muchos_ cigarrillos al día eran la manera socialmente aceptada de poder respirar profundo, inhalar largo y exhalar suave. Son los mismos ejercicios de respiración que me mostraste, pero versión macho fuerte, versión “El jefe está fumando antes de la reunión y al él le gusta fumar solo”, a mi déjenme fumarme mi cigarrillito en paz. Mágicamente paso de ser un hippie respirando a ser el hombre poderoso que fuma solo. Pero yo no necesito fumar. Necesito respirar. Conectar con la tensión, el miedo, la rabia, lo que sea que estoy sintiendo. Necesito que lo que siento no se me siga acumulando, porque creo que la deuda conmigo mismo se me está poniendo demasiado alta y estoy cada vez más irritable y explosivo. Pero claro, en el imaginario es preferible un jefe grosero a un jefe triste. Necesito respirar y hacerme cargo de mi sin tener que usar este cigarrillo de excusa. Darme ese tiempo de auto observación y no seguir evadiéndome a mi mismo con toda esta parafernalia que he armado. Necesito llegar a casa y estar solo un rato, revisar lo que pasó en el día con calma y hacer las correcciones necesarias. Necesito compartir con mi esposa, que nos estamos envejeciendo y los hijos pronto se van, no quiero que seamos dos extraños en la misma casa, que se soportan por conveniencia. Necesito tener el tiempo para comer bien, estoy cansado de que la idea de productividad sea incompatible con la de tener tiempo para el amor propio y el autocuidado. Entonces. Me di cuenta de que no necesito fumar. Solo respirar. ¿Se entiende?